Cuba aseguró en la ONU que la solución de la crisis global
requiere recursos, pero además "atención sostenida, colaboración
internacional y una clara voluntad política de abordar los graves
problemas que enfrenta la humanidad".
Al hablar ante la comisión de Desarrollo Social, la delegada
cubana Vilma Thomas Ramírez, también subrayó que la injusticia y la
exclusión son resultado del actual orden económico internacional,
profundamente injusto e insostenible.
Dijo que luego de más de 15 años de la cumbre de Copenhague, la
lucha contra el hambre, la pobreza y la exclusión social es "una
batalla aún distante de ser exitosa".
Denunció que el injusto orden internacional implantado por los
países industrializados hace que el hambre, la pobreza extrema, el
analfabetismo, la insalubridad y la muerte prematura, sean una
constante en un gran número naciones.
Explicó que los efectos de la crisis golpearon los planes de
desarrollo y los programas sociales en todo el mundo, con particular
énfasis en los países en desarrollo, los cuales están en una
situación más vulnerable y disponen de menos recursos.
"Los más afectados por el impacto de esta crisis son los obreros,
los desempleados, los inmigrantes y los pobres de los países menos
responsables de la crisis", precisó.
Ramírez llamó a globalizar la solidaridad y a ampliar todas las
formas de colaboración Sur-Sur y Norte-Sur para enfrentar los
efectos combinados de las crisis económica, financiera, alimentaria
y energética y las negativas consecuencias del cambio climático.
Asimismo, reclamó la creación de "una nueva arquitectura
financiera internacional que permita a los países en desarrollo
participar de forma efectiva y en condiciones de igualdad en el
comercio mundial".
Con respecto a Cuba, la diplomática expresó que su país no ha
estado ajeno a los efectos de las crisis mundiales, los cuales se
han sentido con mayor fuerza debido a los daños del bloqueo
económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos.
No obstante, explicó que su gobierno mantiene los objetivos de
equidad como eje de sus políticas públicas, con programas de
educación y salud gratuitas en todos sus niveles y otros que
garantizan el acceso a una alimentación básica, empleos formales y
prestaciones mínimas y estables de seguridad y asistencia social.
Recordó que esos son derechos garantizados por el Estado para
todos sus ciudadanos y asegurados por una política social pública,
planificada y de carácter universal, para puntualizar que "en Cuba
nadie queda abandonando a su suerte".
Ramírez señaló que, al mismo tiempo, se concede la máxima
prioridad a la colaboración solidaria con otros países en
desarrollo, a través de miles de médicos, personal de la salud,
maestros, entrenadores deportivos y otros especialistas.
De esa forma, Cuba contribuye a mejorar la calidad de vida de
poblaciones en otras partes del mundo, en beneficio de sectores
pobres y marginados, y brindando apoyo en la formación de
profesionales.
Sólo acabando con el reinante egoísmo, la falta de solidaridad y
las vanas promesas podremos promover un desarrollo social para
nuestros pueblos y avanzar con paso firme en la creación de un mundo
mejor para todos, concluyó.