"La primera caballería comencé a explotarla en el 2009. Con la
ayuda del suegro y mi esposa Adalis, limpié las ocho hectáreas de
mango, que estaban invadidas por malezas de todo tipo. Así hice
realidad la idea de dejarlas en condiciones para cosechar sus frutos
y dedicarlas al mismo tiempo al pastoreo de reses", cuenta Osmar,
actual socio de la Cooperativa de Crédito y Servicios Pedro Rojena.
"Seguidamente seleccionamos, cercamos y preparamos el resto para
cultivos varios y seis meses después de llegar a este sitio, ya
teníamos sembrado boniato, el cual nos dio cien quintales.
"También construimos una nave para cebar cerdos por la vía de los
convenios con la Empresa Porcina del territorio. Recibí 200 y los
entregué en el tiempo pactado con un peso promedio por animal de 96
kilogramos".
Amparado por esos resultados y por la fuerza de voluntad que lo
distingue, solicitó otra caballería de tierra y desde que le dieron
el sí, arremetió contra el marabú, combinando el uso de productos
químicos, machetes, hachas y picos.
El área nueva la destinó íntegramente al pastoreo de ganado
vacuno. De las 15 vacas que posee, siete están en ordeño y dan leche
para autoconsumo y para la entrega diaria de 30 litros a la
industria.
De igual modo, continuó la cría de cerdos. En octubre del 2012
vendió 500 y acumula un aporte de 125 toneladas de carne. Desde el
primer contrato hasta el último, produjo más del 30 % de la comida
que consumieron los animales, por lo cual dejó de adquirir del
estado 110 toneladas de ese producto.
Con ese propósito prioriza la siembra y cosecha de cultivos de
ciclo corto, generalmente boniato, maíz, y calabaza. Los muele,
mezcla y cocina en un fogón rústico, que consume leña recogida en la
finca. "El agua da volumen, es decir, si empleo tres quintales de
viandas, al final tengo seis de masa cocida. Según mis
observaciones, ese método de preparación favorece la nutrición de
los cerdos".
Jamás las lluvias lo han sorprendido sin áreas preparadas para
sembrar, porque cada vez que arriba febrero las tiene surcadas. Al
inicio empleó el tractor con los equipos para "romper" las tierras y
tan pronto le fue posible, adquirió dos yuntas de bueyes, con las
que hoy realiza la mayor cantidad de atenciones culturales. "No
compactan el suelo y llego con ellas adonde no puedo hacerlo con el
tractor, como pegarme a las cercas y aprovechar mejor cada pulgada
del terreno", esclarece.
Abierto a lo novedoso, conoció de las ventajas del uso del
biogás, estableció contactos con especialistas en la materia y
decidió construir, en las cercanías de la nave de ceba de cerdos, un
biodigestor que pronto comenzará a funcionar. Hoy está seguro de que
eliminará el vertimiento de sustancias nocivas al medio- ambiente y
logrará abono de primera para emplear en las áreas de cultivo, así
como combustible para continuar preparando los alimentos de los
animales.