Rusia también muestra sus músculos

Aliana Nieves Quesada

Mundialmente conocido es el axioma que sitúa al equilibrio de las fuerzas como garante de la paz en el mundo. Con un escenario cada vez más complejo en el norte de África ante el caos que dejó a su paso la intervención de la OTAN en Libia, y con Occidente apostando por una solución armada del conflicto sirio, el gobierno de Rusia se ajustó a este aforismo y decidió comenzar el 2013 con las mayores maniobras navales de las últimas décadas en el Mar Negro y el Mediterráneo oriental.

Las Fuerzas Armadas de Rusia realizaron las mayores maniobras navales de las últimas décadas.

Para ello la defensa rusa desempolvó 23 naves y buques de apoyo, tres submarinos (uno de ellos nuclear), así como fuerzas aéreas constituidas por cazas de largo alcance y el cuarto comando de Fuerza Aérea y Defensa Antiaérea, que del 19 al 30 de enero tuvieron como tarea principal comprobar la preparación del mando naval para gestionar las misiones en las áreas marítimas lejanas y realizar entrenamientos de capacitación en la defensa antisabotaje, según informó el alto mando militar ruso.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, tiene el fortalecimiento militar como uno de sus principales retos. Desde el comienzo del nuevo periodo presidencial, en el 2012, se han puesto en práctica programas de reequipamiento y de reformas radicales en las fuerzas armadas, que les permitan adaptarse a los nuevos contextos mundiales.

La envergadura de las maniobras en el Mediterráneo despertó suspicacia entre analistas y políticos, a pesar de que el Kremlin insistió en que las naves cumplían en primer lugar una función de contención.

El capitán de primer rango de la reserva y experto en temas castrenses, Oleg Shvedkov, explicó que con esa presencia se trata de evitar que la situación de Siria desestabilice aún más la región.

Aunque la intención de Moscú es que los sirios resuelvan sus propios problemas sin influencias externas, la situación se torna cada vez más difícil ante la proliferación constante de armas promovida por Occidente.

El propio canciller ruso, Serguei Lavrov, llamó recientemente a que se analicen de manera más amplia los acontecimientos en Mali, Libia y Siria, y expresó su preocupación por la militarización que se ha producido en el norte de África. "Hay que tener en cuenta que la crisis de un país puede desembocar en la desestabilización de una región entera", enfatizó.

Lavrov explicó que en Siria todo está obstaculizado por la obsesión de la oposición con derrocar al presidente Bashar al Assad, y subrayó que nada podrá rectificar la situación en la nación árabe mientras los rebeldes tengan como único fin la idea de deponer al mandatario.

El jefe de la diplomacia rusa recordó que los países occidentales que apoyaron la creación de una coalición opositora en Siria prometieron convencerla de asumir una postura más constructiva, algo que nunca ocurrió, "los jugadores externos del conflicto en Siria parecen tener prioridades diferentes a las declaradas", aseveró Lavrov.

No obstante, el Kremlin mueve paralelamente los hilos del diálogo entre las partes beligerantes y ha manifestado que se encuentra dispuesto a realizar nuevos contactos con representantes de la oposición siria en busca de una salida consensuada del conflicto.

El constante rol mediador de Rusia evidencia que pueden existir caminos alternativos a un enfrentamiento bélico, siempre que las partes beligerantes estén dispuestas a desandarlos. Pero, como la paz solo se logra si se está preparado para la guerra, las fuerzas navales rusas exhibieron por estos días su potencial militar, esperando que no sea necesario darle uso.

 

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