Potencialidad que la dota del respeto de sus rivales y la hace, a
los ojos de quien la ha visto crecer en la selección nacional,
Alberto Zabala, "una joven con una entrega y determinación
admirables". Taymí Fernández es una mujer fuerte, segura y decidida
que fija sus metas y va hacia ellas porque dentro de la cancha no
tiene límites.
Hoy te defines como una amante del baloncesto. ¿Cómo llegaste a
él?
Siempre fui una niña traviesa e inquieta, pero no tenía
inclinaciones hacia el deporte. Un día mi tío puso una pelota en mis
manos, me situó frente a un aro y hasta hoy es lo que más disfruto
hacer.
Luego en la EIDE la entrenadora Odalis Calaguía me enseñó primero
lo teórico y después cómo moverme en el perímetro.
¿Cómo has logrado entrar en ritmo después de un año desvinculada?
Tras la operación de mi rodilla, estuve noches corriendo en la
playa para recuperar velocidad y resistencia. Con el ejercicio
físico adopté mi peso y ahora me siento más liviana, ágil y ayudo
más al conjunto. El apoyo de mis compañeras y del colectivo técnico
fue determinante en que recobrara la forma.
¿Te ha obligado el deporte a poner en una balanza vida personal y
profesión?
Sí, demasiados han sido los sacrificios para mantener un buen
rendimiento, pero mi familia siempre estuvo a mi lado. Mi mamá era
la primera que me decía, pese a las dificultades en casa, que
saliera a jugar. Ella conoce que esto es mi vida y nunca intentó
alejarme.
Comúnmente se asocia el baloncesto con un estereotipo carente de
rasgos femeninos. ¿En lo personal te ha afectado este patrón?
Mi condición de mujer nunca ha sido un impedimento. Me veo como
una muchacha dócil, sencilla y femenina. El baloncesto, lejos de
restarme feminidad, me ha dado fuerza y determinación para llegar a
mis metas. Me ha hecho crecer.