Julio
González se considera un hombre afortunado. Le satisface haber
laborado por más de dos décadas en la ronera Enrique Hart Dávalos,
la legendaria Yucayo de Matanzas, enclavada desde hace más de cien
años en las márgenes del río San Juan, en la ciudad de Matanzas.
Nada le gusta más en este mundo que disfrutar del olor a alcohol
que exhalan los barriles de la antigua dependencia. Sin embargo, con
el tiempo ha dejado de beber. "Con los años me convertí en un ronero
abstemio; en lo cual, sin dudas, ha tenido que ver el sentido de
responsabilidad".
Julio es tonelero. En las bodegas de añejamiento transcurre su
jornada laboral desde hace 20 años, en espacios sin ruidos, donde a
veces lo perturba la silenciosa zozobra de sentirse solo. Tiene que
ver con la suerte de unos 3 050 barriles de roble blanco americano,
muchos de ellos con más de 50 años de uso.
"Se trata de un trabajo nada difícil pero al que también le
asignan importancia dentro de la empresa, exige concentración y
estar pendiente para calafatear los viejos barriles cuando se
producen los goteos".
Otra misión de este oficio es la reparación parcial o total de
los toneles, que incluye la reposición de aros y otros componentes
vitales, como las vigas que sostienen las tinas que añejan el ron.
"Gracias a ese permanente cuidado conservamos un alto volumen de los
barriles que por el uso y el paso de los años suelen deteriorarse".
Dice tener motivos adicionales para sentirse feliz, y es que la
legendaria fábrica Yucayo alcanzó en el 2012 la segunda mejor
producción de su historia e implantó récord en los ingresos, sin
demeritar la calidad del producto.
"Ese resultado es muy importante para nuestro colectivo pues de
esa forma nos repusimos del tropezón en los tres años anteriores,
etapa en que cerramos con pérdidas, y significa al propio tiempo una
respuesta a la aplicación de los Lineamientos del Sexto Congreso del
Partido".
Lamenta que por razones vinculadas al mundo comercial la empresa
no esté produciendo el afamado ron Carta BlancaYucayo, de merecido
prestigio y aceptación en el mercado. "Afortunadamente ese tema se
somete a discusión y está en vías de solución. Y no parece racional
que haya crecido la productividad y no el salario medio".
Desde edades tempranas a Julio González le llamó la atención el
oficio de chofer. Por eso se justifica su interés por la ingeniería
mecánica, aspiración que no pudo concretar. Pero confiesa que lleva
su condición de obrero con mucho orgullo. Su compromiso como
trabajador es dedicarse a su tarea diaria sin esperar otra
recompensa que sentirse útil.
"Siempre he sido obrero y no me quejo. Me hubiera gustado haber
estudiado y alcanzado una profesión, pero el oficio que desempeño sé
que es importante y mi única divisa es cumplir para aportar mi
granito de arena".