El
14 de diciembre de 1911 en la finca La Palma, a dos kilómetros y
medio de Encrucijada, en la actual provincia de Villa Clara, nació
el querido líder de los trabajadores azucareros Jesús Menéndez.
Jesús, como decenas de miles de niños en todo el país por esa
época, sufre hambre y calamidades.
A los 18 años de edad ya había dedicado un tercio de su vida al
trabajo: machetero desde los 13 años, vendedor ambulante, obrero de
escogida de tabaco, retranquero de trenes y purgador de azúcar. De
su vida decía Jesús: Empecé temprano a buscarme la vida. Éramos
muchos en mi casa para que alcanzara el pan para todos. El hambre
entre tantos suma una cifra: desesperación. Y me fui un buen día a
vender mi fuerza de trabajo. Eran los días terribles del pago en
vales en los ingenios, de la extorsión terrible. Creo que si me
corto las venas corre por mi sangre un río de guarapo amargo.
La brillante vida revolucionaria de Jesús Menéndez lo hizo
merecedor de la confianza, el respeto y el reconocimiento de todos
los trabajadores de Cuba, y muy especialmente de los obreros del
azúcar a los que él representaba. Su valentía la demostró en
diversas situaciones, no se amedrentó jamás ni ante el chantaje ni
la amenaza. Ese reconocimiento, confianza y respeto se hicieron
patentes en el cariño y la admiración que los trabajadores le
demostraron siempre. Desde dirigente sindical de base —y es el mejor
ejemplo— fue llevado por los trabajadores hasta el más alto cargo
del sindicato que representó: Secretario General de la Federación
Nacional de Trabajadores del Azúcar (FNTA).
Su vida como militante comunista fue inseparable de su condición
de dirigente. Era un hombre siempre atento a las necesidades de su
pueblo, que lo eligió como Representante de la Cámara, donde su voz
se hizo escuchar innumerables veces en defensa de los trabajadores.
Jesús Menéndez condujo importantes luchas que lograron muchas
mejoras para los obreros del azúcar, entre ellas: el primer convenio
colectivo de trabajo, la creación del retiro azucarero, el decreto
sobre el régimen salarial, el decreto sobre higienización de
bateyes, la participación obrera en negociaciones de zafra, así como
el diferencial azucarero, considerado como una de las mayores
conquistas de la clase obrera cubana anterior a 1959.
Luego de la Segunda Guerra Mundial, Menéndez se opuso a la
decisión del gobierno de Ramón Grau San Martín de establecer y
congelar por dos años el precio del azúcar para Estados Unidos en un
nivel mucho más bajo que el que establecía el mercado internacional.
Asesorado por el economista Jacinto Torras y apoyado por la
movilización de los trabajadores del azúcar, Menéndez exigió y
obtuvo que el sindicato participara de las negociaciones que se
realizaron en Washington, logrando imponer una "cláusula de
garantía" que estableció que el precio de azúcar exportada
aumentaría en la misma proporción que el precio de los productos de
primera necesidad que Cuba importaba de Estados Unidos. Debido a
esta cláusula, los trabajadores del azúcar obtuvieron a fin de año
un salario extra del 13,42 %, que se conoció como "diferencial
azucarero".
En 1947, el gobierno de Grau San Martín siguió las presiones
norteamericanas y aceptó una reducción drástica del porcentaje
establecido para el "diferencial azucarero" de ese año, lo que
agudizó las acciones de lucha del movimiento sindical hasta que el
gobierno ordenó la detención del dirigente comunista, en un evidente
acto de provocación debido a que Jesús Menéndez gozaba de inmunidad
en su condición de representante a la Cámara por el Partido
Socialista Popular.
El 22 de enero de 1948, el capitán Joaquín Casillas subió en
Manzanillo al tren en el que viajaba Menéndez con la intención de
detenerlo. Debido a su inmunidad, el dirigente sindical rechazó la
orden por ilegal y se negó a seguir al militar, dándole la espalda.
Casillas entonces le dispara, dándole muerte.
La monstruosidad de aquel vil asesinato no pudo acabar con la
leyenda del destacado comunista, a quien se le recuerda en Cuba como
el General de las Cañas.