Difícilmente
alguien pueda precisar o contabilizar el número de veces que la
prensa escrita, televisiva y radial han alertado acerca del letal
efecto que provocan negligencias como la que muestra esta imagen,
captada en un paraje rural de la geografía tunera, pero recurrente
en cualquier sitio del Archipiélago cubano.
Tampoco creo que haya quien pueda determinar la cantidad de
ciudadanos que —a pesar de ese llamado a la conciencia— continúan
incurriendo en una práctica tan nociva como esa para las aguas, el
suelo, la salud humana, el medio ambiente y la vida en general.
Aún cuando la población gana en conocimientos y,
consecuentemente, en muchos lugares se aprecia un comportamiento más
responsable hacia la naturaleza, nunca estará de más "un toque" a
golpe de lente o de palabra, para ver si "distraídos", ignorantes,
olvidadizos y negligentes comprenden de una vez que al lavar autos,
camiones, tractores y medios similares en arroyos, ríos, canales,
presas y otros reservorios no solo envenenan el agua... también
están envenenando su vida y la de sus propios descendientes.