FLORENCIA,
Ciego de Ávila.— Joel Morales San Gil, campesino especialista en
ganadería, cultivos varios, frutales y, sobre todo, conocedor de que
la tierra brinda los frutos cuando se ocupan de ella, fue fiel a su
pensamiento y no titubeó en fomentar el viñedo que llama la atención
de quienes visitan la finca Manaca Arriba, en el municipio avileño
de Florencia.
Jamás alguien lo conminó a que sembrara la vid y, mucho menos, le
explicó acerca de ese cultivo, exótico y hasta ahora desconocido en
todo el territorio; pero él, caprichoso y empecinado, se lanzó a lo
que define como la aventura de su vida.
Siempre pensó que aunque el cultivo tenía características muy
propias, debería aplicar la máxima de preparar bien la tierra,
utilizar correctamente la humedad, plantar los esquejes más
vigorosos y sanos, mantener limpia el área y fertilizarla con
materia orgánica, en el tiempo adecuado.
Eso lo sabía, pero comenzaron a aparecer nuevas palabras como
esquejes, emparrado, espaldera, y poda de educación que, traducido
al lenguaje del cultivador de uva, quiere decir estacas para
sembrar, malla horizontal donde se propagan las ramas, hileras de
postes, y la conducción o sistema de sostenimiento de la rama
principal hasta donde se forma la enramada.
Si cumplía con todas esas premisas, se dijo, tendría éxito. Y por
esa razón, desde hace unos meses ve crecer el mayor viñedo —tal vez
el único con esa categoría— de la provincia de Ciego de Ávila, con
unas 3 000 plantas que le facilitó Jorge Chávez, un amigo de la
provincia de Villa Clara.
"Tengo una hectárea sembrada. Cuando me levanto, una de las
primeras cosas que hago es caminar entre las matas. Veo que
adelantan y algunas hasta me han dado frutos, que yo llamo
aventureros. Estoy seguro que en la fecha prevista, entre los meses
de mayo y julio, llegará la buena cosecha.
"No soy el primero en la provincia en incursionar en ese cultivo.
Me han dicho que por la zona de Turiguanó, allá en Morón, hay otro
campesino que también se dedica a lo mismo, en un área menor.
"No se trata de ganar protagonismo. Ojalá otros lo hagan. De lo
que se trata es de producir, porque estoy seguro que tendrá gran
demanda en el turismo, en la elaboración de vinos artesanales y
también para la comercialización en los Mercados Agropecuarios
Estatales, donde hoy no existe.
"Por ahora solo pienso en que esta fruta puede cohabitar con
otras no muy comunes que también cultivo, como mamey, pera, manzana,
entre otras que forman parte del patrimonio de la finca.
"En el caso de la uva, leo cuanta bibliografía me cae en las
manos, para ganar en conocimiento y no fracasar en el intento
inicial. Gracias a eso, conozco que un viñedo puede durar muchos
años, aunque no sé cuántos en las condiciones tropicales de Cuba.
Por eso a esta hectárea le hago las atenciones culturales con
precisión milimétrica. Entre mis intenciones está demostrar que
podemos fomentar este cultivo en nuestro país.
"Los desechos de las frutas empleadas en la elaboración de vinos
pueden utilizarse en la alimentación de los animales y en la
elaboración de fertilizantes. No dudes que si el fomento de la fruta
tiene gran aceptación, yo pueda desplegar esa estrategia aquí.
"He aprendido que también tiene propiedades medicinales y las
ramas sirven para curar enfermedades en la piel, y el fruto es
refrescante y diurético".
La labor de Joel es paciente y constante, con el único propósito
de demostrar que el fomento de la vid no es exclusivo de las zonas
templadas de Europa, o de Asia Menor, de donde es originaria.
El "atrevimiento de su vida", como él mismo dice, puede abrir el
camino. Tal vez un día no muy lejano el cultivo de la uva escale
posiciones y sea de la preferencia de los campesinos y, por ende, de
los pobladores, con una presencia habitual en los mercados
agropecuarios y otros puntos de venta.