Luego de 14 temporadas alejada de los puestos de cabecera,
Matanzas retornó a los planos estelares del béisbol cubano en el
2012 con un trabajo a conciencia en pos de recuperar el terreno
cedido durante casi tres lustros.
Si bien no alcanzaron el título como sus predecesores
Citricultores (1977 y 1984) y Henequeneros (1970, 1991 y 1992),
monarcas en cinco oportunidades, lograron rescatar la tradición
ganadora de aquellos gloriosos conjuntos, ahora con una generación
de jugadores talentosos, diamantes en bruto moldeados sobre la base
del esfuerzo y la disciplina.
No obstante, dispersos los humos de la anterior campaña, la
juventud de la armada matancera generó incertidumbre en varios
círculos por una supuesta inestabilidad en los resultados, aunque
los Cocodrilos andan sueltos, rinden a sus anchas y aparecen sólidos
en el tercer escaño —23 victorias y 13 fracasos—, fruto de favorable
balance en cada renglón de juego, pues se ubican cuartos en pitcheo
(3,02) y bateo (274), y sextos en defensa (976), aspecto este último
en el que han descendido en las subseries recientes.
En un análisis breve respecto al asunto, es perceptible la
constante fluctuación alrededor del segundo saco, baste decir que
cinco hombres han actuado en la intermedia y cuatro en el campo
corto, siendo José Miguel Fernández el de mejores dividendos, con
promedio de 977 (cuatro marfiladas en 107 lances entre ambas
posiciones).
En el pitcheo destaca la consistencia de un staff con tres
abridores fijos —Yohan Hernández, Joel Suárez y Royd Hernández— y el
resto de la rotación variable, aunque en el epílogo de la presente
etapa el derecho Maykel Martínez se ha consolidado como cuarto
soporte para la dirección yumurina.
Más allá, el cuerpo de lanzadores necesita un líder para cubrir
el hueco del diestro Jorge Alberto Martínez, ganador de 11 desafíos
en la pasada justa, con 2,94 limpias por pleito y cuatro lechadas,
papel que por el momento no encuentra dueño, aunque algunos bisoños
bien pudieran asumir el rol a mediano plazo.
Tal es el caso del joven Royd Hernández, espigado derecho de 1,96
de estatura, quien necesita dominar el comando de sus envíos para
someter sin tantas complicaciones a los contrarios, detalle sobre el
que aún le queda mucho tiempo para trabajar pues solo tiene 17
abriles. Otro con enormes perspectivas, el zurdo Yasiel Lazo, ahora
con la franela matancera luego de atravesar un calvario en dos
temporadas con los desaparecidos Metropolitanos (un triunfo, nueve
descalabros y 6,81 de efectividad).
A falta de velocidad y con lagunas en el control, Yasiel ha sido
valorado por los entrenadores como uno de los serpentineros más
inteligentes del territorio y hasta el momento aparece como el
perfecto comodín del plantel, con tres aperturas, nueve relevos, dos
victorias y un salvamento.
Madero en ristre, el cuarteto integrado por Guillermo Heredia,
Ariel Sánchez, Yadiel Hernández y José Miguel Fernández es de los
más temidos del campeonato (todos superan los diez extrabases y las
20 anotadas), sustentados en los escuderos Yurisbel Gracial, Yasiel
Santoya y Lázaro Herrera.
Ya con la vista puesta en una eventual segunda ronda, los
Cocodrilos se afilan los dientes y de presentarse las circunstancias
favorables, seguramente escogerían a tres lanzadores, un cuarto bate
y un torpedero para redondear la novena y pelear por la corona.