En el mismo lugar no ocupa un lugar cualquiera en la
programación televisual ni es un lugar común dentro de ella. No hago
un mero juego de palabras; las emisiones del año pasado los viernes,
antes de La séptima puerta, así lo confirmaron. Podrán
señalársele carencias y asimetrías en la factura, pero jamás falta
de autenticidad ni de compromiso en su perfil como espacio destinado
a resaltar los valores históricos y actuales de la canción cubana
desde una plataforma conceptual que comenzó a tomar cuerpo a finales
de los años sesenta como expresión generacional de singulares
talentos individuales (Silvio, Pablo, Noel, Vicente) y cuajó a
partir de la articulación cuatro décadas atrás del Movimiento de la
Nueva Trova.
Plataforma que de un modo u otro, y contra los aires frívolos,
populistas y facilistas que se reinventan con determinada
persistencia y cierta frecuencia en el medio bajo el pretexto de
complacer presuntos gustos masivos, forma parte del legado de la
televisión revolucionaria de servicio público, con hitos memorables
como Mientras tanto (Eduardo Moya / Silvio Rodríguez), las
transmisiones de los conciertos del Centro de la Canción Protesta de
la Casa de las Américas, Proposiciones (Ernesto Piñero /
Pablo Milanés) y Perspectivas (Jorge Gómez). No es fortuita
la mención de tales programas; cada cual en su tiempo defendió y
promovió una manera de entender la canción que no es privativa de la
Nueva Trova. Fueron propuestas inclusivas, que apostaron a la
conjunción de inteligencia y sensibilidad.
En esa línea se inscribe En el mismo lugar. No es tampoco
casual que la idea y la conducción correspondan a Jorge Gómez.
Conocido por su papel en la fundación y liderazgo del grupo Moncada,
conviene recordar que desde los remotos años de la Televisión
Universitaria Jorge ha sido un consecuente promotor musical, que
sabe valorar cuánto puede y debe aportar el medio a la cultura, sin
olvidar los principios de la comunicación y las exigencias del
entretenimiento.
Al asumir la responsabilidad de En el mismo lugar, en el
que conjuga su talento con el muy sobrado del realizador Juanpín
Vilar, contó con una ventaja adicional: la del conocimiento
vivencial. Jorge, en efecto, es testigo y protagonista, a la vez, de
los avatares del contenido que transmite. De modo que cuando
presenta una obra, un intérprete o un autor, o comenta un hecho, un
estilo y un periodo, lo hace con conocimiento de causa y pasión
testimonial.
Ello se ha ido revelando con particular fuerza en el ciclo
dedicado a los momentos fundacionales de la Nueva Trova, el cual,
por demás, ha puesto a prueba la pericia de Juanpín al valerse
únicamente de materiales de archivo. Como para no borrar y reponer
cuando sea menester, quedaron los programas monográficos sobre
Silvio, el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, Sara González
y Lázaro García.
En el mismo lugar debe ser potenciado y jerarquizado en el
esquema productivo de la Televisión Cubana, ya sea bajo la actual
estructura, como en la que adopte a partir de la prevista
recuperación de la autonomía de los canales. Será un servicio
invaluable a la cultura.