¿Qué significa Martí para los cubanos?
En un documento denominado El Presidio Político en Cuba, Martí
cuando apenas tenía 18 años, después de sufrir cruel prisión a los
16 con grilletes de hierro atados a sus pies, afirmó: "Dios existe,
sin embargo, en la idea del bien, que vela el nacimiento de cada
ser, y deja en el alma que se encarna en él una lágrima pura. El
bien es Dios. La lágrima es la fuente de sentimiento eterno".
Para nosotros los cubanos, Martí es la idea del bien que él
describió.
(¼ ) Más allá de Cuba, ¿qué recibió de
él el mundo? Un ejemplo excepcional de creador y humanista digno de
recordarse a lo largo de los siglos.
(¼ ) En la ya famosa carta inconclusa
a su amigo entrañable Manuel Mercado, que Martí interrumpe para
marchar sin que nadie pudiera impedirlo a un inesperado combate,
reveló para la historia su más íntimo pensamiento, que no por
conocido y repetido dejaré de consignar una vez más: "Ya estoy todos
los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber, [...]
de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan
por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más,
sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es
para eso".
Semanas antes, al suscribir en Santo Domingo el Manifiesto de
Montecristi junto al ejemplar patriota latinoamericano Máximo Gómez,
de origen dominicano y escogido por Martí como jefe militar de las
fuerzas cubanas, próximo a partir hacia Cuba, entre otras muchas y
brillantes ideas revolucionarias, Martí escribió algo tan admirable
que, aun a riesgo de aburrir, también necesito repetir: "La guerra
de independencia de Cuba [...] es suceso de gran alcance humano, y
servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a
la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio
aún vacilante del mundo".
Cuán precozmente escribió esta última frase, que se ha convertido
en el tema principal de este encuentro. Nada hay hoy más necesario y
vital que ese distante y al parecer utópico equilibrio.
Ciento seis años, cuatro meses y dos días después de la carta de
José Martí a Manuel Mercado, y ciento seis años, cinco meses y
veintiséis días después del Manifiesto de Montecristi firmado por
Martí y Gómez, el presidente de Estados Unidos, en discurso
pronunciado el 20 de septiembre del 2001, ante el Congreso de esa
nación, pronunció las siguientes frases:
"Vamos a utilizar cualquier arma de guerra que sea necesaria".
"El país no debe esperar una sola batalla, sino una campaña
prolongada, una campaña sin paralelo en nuestra historia".
"Cualquier nación, en cualquier lugar, tiene ahora que tomar una
decisión: o está con nosotros o está con el terrorismo".
"Les he pedido a las Fuerzas Armadas que estén en alerta, y hay
una razón para ello: se acerca la hora de que entremos en acción, y
ustedes nos van a hacer sentir orgullosos".
(¼ ) "No sabemos cuál va a ser el
derrotero de este conflicto, pero sí cuál va a ser el desenlace.
[...] Y sabemos que Dios no es neutral".
En discurso pronunciado el 1 de junio del 2002, al cumplirse el
aniversario 200 de la Academia Militar de West Point, el presidente
de Estados Unidos, entre otras cosas, declaró:
"En el mundo en el que hemos entrado, la única vía para la
seguridad es la vía de la acción. Y esta nación actuará.
"Nuestra seguridad requerirá que transformemos a la fuerza
militar que ustedes dirigirán en una fuerza militar que debe estar
lista para atacar inmediatamente en cualquier oscuro rincón del
mundo, [...] que estemos listos para el ataque preventivo cuando sea
necesario defender nuestra libertad y defender nuestras vidas.
"Enviaremos diplomáticos a donde sean necesarios, y los
enviaremos a ustedes, a nuestros soldados, donde ustedes sean
necesarios.
"Estamos ante un conflicto entre el bien y el mal. [...] No
creamos un problema sino que revelamos un problema. Y dirigiremos al
mundo en la lucha contra el problema".
(¼ ) Aquellas palabras no las
pronunciaba un loco desde un oscuro rincón de un manicomio. Están
avaladas por decenas de miles de armas nucleares, millones de bombas
y proyectiles destructores, decenas de miles de misiles teleguiados
y precisos, miles de bombarderos y aviones de combate, con pilotos y
sin pilotos; decenas de escuadras y destacamentos navales con
portaaviones y submarinos de propulsión nuclear o convencional,
bases militares con permiso o sin permiso en todos los rincones del
mundo; satélites militares que espían cada kilómetro cuadrado del
planeta, sistemas de comunicación seguros e instantáneos, capacidad
de aplastar los de cualquier otro país y posibilidad de interceptar
simultáneamente miles de millones de conversaciones; arsenales
fabulosos de armas químicas y biológicas y presupuestos de gastos
militares que se aproximan a 400 mil millones de dólares, con los
cuales podrían enfrentarse y resolver muchos de los principales
problemas del mundo. Las amenazas mencionadas han sido pronunciadas
por quien dispone y puede ordenar el empleo de esos medios.
¿Pretexto? El brutal ataque terrorista del 11 de septiembre que
costó la vida a miles de norteamericanos. El mundo entero se
solidarizó con el pueblo norteamericano e indignado condenó el
ataque. Con el apoyo unánime de la opinión mundial, pudo enfrentarse
al flagelo del terrorismo desde todos los ángulos y todas las
corrientes políticas y religiosas.
La batalla, como planteó Cuba, debía ser fundamentalmente
política y ética, en interés y con el apoyo de todos los pueblos del
mundo. Nadie podía concebir la idea de enfrentar absurdas,
desacreditadas e impopulares concepciones terroristas que afectan a
personas inocentes, aplicadas por individuos, grupos,
organizaciones, e incluso algún estado o gobierno, utilizando para
combatirlas un brutal terrorismo de estado universal y proclamando
como derecho de una superpotencia el posible exterminio de naciones
enteras, con empleo incluso de armas nucleares y otras de
destrucción masiva.
(¼ ) Nadie puede saber o adivinar lo
que puede ocurrir en cualquier guerra o situación semejante. Lo
único que es posible afirmar es que la amenaza de una guerra en Iraq
ha estado gravitando considerablemente sobre la economía mundial,
hoy afectada por una grave y profunda crisis que, unida al golpe
fascista contra el gobierno bolivariano de Venezuela, uno de los
mayores exportadores de petróleo, ha elevado los precios de este
vital producto a niveles insoportables para la inmensa mayoría del
resto de los países, especialmente los más pobres, aun antes de que
haya sonado un disparo en Iraq.
(¼ ) Si nos apartamos de las terribles
consecuencias de una guerra en aquella región, que la única
superpotencia podría imponer a su arbitrio, el desequilibrio en el
terreno económico que hoy padece el mundo es de igual modo una
enorme tragedia.
Crecen y se profundizan las diferencias relacionadas con los
países ricos y pobres, entre ellos y dentro de ellos, es decir,
crece el abismo en la distribución de la riqueza, el peor azote de
nuestra era, con su secuela de pobreza, hambre, ignorancia,
enfermedades, dolor y sufrimiento insoportables para los seres
humanos.
¿Por qué no nos atrevemos a decir que no puede haber democracia,
libre opción ni libertad real en medio de espantosas desigualdades,
ignorancia, analfabetismo total o funcional, ausencia de
conocimientos y una falta asombrosa de cultura política, económica,
científica y artística a las que solo pueden acceder exiguas
minorías, incluso dentro de los países desarrollados, inundado el
mundo por un millón de millones de dólares de publicidad comercial y
consumista, que envenena a las masas con ansias de sueños y deseos
inaccesibles, que conduce al despilfarro, la enajenación, y la
destrucción implacable de las condiciones naturales de la vida
humana? En apenas un siglo y medio agotaremos los recursos
energéticos y sus reservas probadas y probables que la naturaleza
tardó 300 millones de años en crear, sin que apenas se vislumbre un
sustituto viable.
¿Qué conocen las masas de los complejos problemas económicos del
mundo de hoy? ¿Quién les enseñó lo que es el Fondo Monetario
Internacional, el Banco Mundial, la OMC, y otras instituciones
similares? ¿Quién les explicó las crisis económicas, sus causas y
consecuencias? ¿Quién les dijo que ya el capitalismo, la libre
empresa y la libre competencia apenas existen, y que 500 grandes
empresas transnacionales controlan el 80 % de la producción y el
comercio mundiales? (¼ ) ¿Quién les
instruyó de que las monedas del Tercer Mundo son papeles que
constantemente se devalúan y sus reservas de dinero real o casi real
escapan inexorablemente hacia los países más ricos, como la ley
física de Newton, y las terribles consecuencias materiales y
sociales de esta realidad? ¿O por qué debemos millones de millones
de dólares impagables e incobrables, mientras decenas de millones de
personas, incluidos niños de cero a cinco años, mueren de hambre y
enfermedades curables cada año? ¿Cuántos los que están conscientes
de que nuestras culturas nacionales están siendo cada vez más
destruidas?
(¼ ) ¿Por qué no se levanta un
monumento vivo a la hermosa y profunda verdad contenida en el
apotegma martiano "Ser culto es el único modo de ser libre"?
(¼ ) Si en algo hemos sabido honrar al
héroe, cuyo fecundo natalicio conmemoramos hoy, es haber demostrado
que un país pequeño y pobre, aun cometiendo muchos inevitables
errores de aprendizaje, puede hacer mucho con muy poco.
El mayor monumento de los cubanos a su memoria es haber sabido
construir y defender esta trinchera, para que nadie pudiera caer con
una fuerza más sobre los pueblos de América y del mundo.
(¼ ) En el propio pueblo
norteamericano, al que nunca hemos visto como enemigo ni hemos
culpado de las amenazas y agresiones que durante más de 40 años
hemos sufrido, podemos percibir, a partir de sus raíces éticas, un
amigo y un aliado potencial de las causas justas de la humanidad. Lo
vimos ya cuando la guerra de Vietnam. Lo vimos en algo que nos tocó
tan cerca como el secuestro del niño Elián González. Lo vimos en su
apoyo a la lucha de Martin Luther King. Lo vimos en Seattle y en
Quebec, junto a canadienses, latinoamericanos y europeos contra la
globalización neoliberal. Lo empezamos a ver ya en su oposición a
una guerra innecesaria, sin contar al menos con la aprobación del
Consejo de Seguridad. Lo veremos mañana junto a los demás pueblos
del mundo defendiendo el único camino que puede preservar la especie
humana de las propias locuras de los seres humanos.