José Luis Yull Castillo, director de la unidad fabril a partir de
su "renacimiento" hace dos años, significa a Granma el
incremento, diversificación y rescate de variedades, con
certificación de calidad homologada al centro y la condición de
destacado nacional del giro.
Yull confiere preeminencia al trabajo realizado para salvaguardar
y llevar a planos estelares marcas emblemáticas del territorio como
los rones refino de 34 grados Cienfuegos y Jagua, otrora degradados
en el mercado por su poca calidad y la baja explotación de la
fábrica, sometidos ambos a un proceso de reelaboración (ocho % de
aguardiente los dos ahora) y formulación de diseño.
El cambio de sabor e imagen es notable, remarca el directivo.
Procuran, además, la progresiva inserción en el mercado nacional
(en pesos y divisa) de una variedad inédita, el Añejo Blanco Jagua
—de más solera: el nivel de añejamiento de la masa en la bodega es
más prolongado—, con 40 grados de alcohol y recién lanzado. En breve
lo harán con el Añejo Jagua sabor a limón.
Lo anterior solo ha podido conseguirse gracias a la disciplina
tecnológica observada y el compromiso productivo de los 37
trabajadores vinculados directamente a la producción, enfatiza el
jefe de la planta, Pedro O´Hurrutinier.
Hoy día, por vez primera aquí, existe "cultura" ronera, que no es
más que el correcto tratamiento prodigado al producto desde su
permanencia en bodega y etapa de añejamiento, hasta el instante
mismo del embotellado, sostiene María de los Ángeles Martínez,
especialista de Calidad.
Carlos Alberto Marrero, secretario de la sección sindical,
encomia el sobrecumplimiento en 200 mil pesos del plan de producción
anual del 2012, estimado en cinco millones 400 mil pesos.
Entre los elementos fundamentales incidentes en tal despegue
figuraron la productividad, la presencia permanente de la materia
prima y la ausencia de roturas pese a la veteranía del equipamiento,
debido en buena medida al respeto a los mantenimientos planificados,
precisa Yull, quien subraya que los obreros no perdieron ni un
minuto de trabajo.
Ellos produjeron en el año unas 600 cajas diarias de botellas de
las distintas marcas facturadas en la Luis Arcos Bergnes (incluida
la local Damují) y canecas Arecha, más producciones extra de 770
cajas por jornada de botellas plásticas de litro y medio de las
marcas Cienfuegos o Jagua, según correspondiese en cada fecha.
Aquí disponen de una sopladora para los envases plásticos y las
canecas.
La recuperación de la fábrica corrobora la máxima de que mediante
disciplina, laboriosidad y deseo, cualquier colectivo laboral puede
cumplir la meta propuesta. Este es un ejemplo vivo.