Hagel, un republicano, ha recibido las críticas de los sectores
más conservadores de su partido. No le perdonan haber condenado la
invasión a Iraq, pretender reducir el presupuesto del Pentágono,
oponerse a un ataque militar contra Irán, y reprobar la actitud del
gobierno israelí en relación con Palestina, pues considera que
Netanyahu no tiene interés en una solución de dos estados.
Lo cierto es que en un inicio Hagel sí apoyó la contienda bélica
contra Iraq, pero cuando comprendió que la misión estaba estancada
la calificó como "una de las más peligrosas equivocaciones en
materia de política exterior desde Vietnam".
Si el Senado lo confirma, será el primer Secretario de Defensa
que habrá servido en Vietnam, de donde regresó con dos
condecoraciones.
En el 2007 fue el único senador republicano que votó a favor de
una resolución presentada por el ahora vicepresidente, Joseph Biden,
en contra del envío de 20 mil soldados más al frente iraquí. Sus
compañeros de partido lo acusaron públicamente de traidor.
Por su condena a las sanciones unilaterales contra Irán ha sido
tildado —sin razón— de antiisraelí. No obstante, el poderoso lobby
sionista está dividido entre quienes apoyan a Hagel y quienes lo
critican, y como es habitual en la política estadounidense, el
dinero ha fluido para apoyar ambas posibilidades.
El mayor desafío al que se enfrentará será dirigir el Pentágono
en época de déficit, pues podría ser necesario recortar el
presupuesto y eso no hace feliz a muchos miembros del
establishment.
Las posiciones de Hagel en cuanto a política exterior se asemejan
bastante a las promesas que hizo Obama cuando llegó a la Casa Blanca
en el 2008, y luego incumplió (porque no pudo o no quiso hacer otra
cosa). ¿Habrá decidido el presidente volver a sus raíces? Téngase
también en cuenta que el secretario de Estado será John Kerry, otro
crítico mordaz de la política de Bush.
Stephen Walt, profesor de relaciones internacionales de la
Universidad de Harvard, considera que aunque Hagel es excelente para
el puesto, no implica cambios significativos.
A su juicio, "no habrá guerra con Irán y habrá recortes en
defensa, pero no habrá un impulso para la paz palestino-israelí
(demasiados obstáculos, muchas otras cosas que hacer)".
"Hagel siempre ha sido escéptico acerca de la conveniencia de
usar la fuerza militar. Eso no significa que sea una paloma o un
pacificador —destaca Walt—, sino que simplemente reconoce que la
fuerza no es la mejor manera de hacer frente a todos los problemas".
El profesor de Harvard —también un escéptico—, lo resumió con dos
posibles opciones. Si Obama quisiera privilegiar la "diplomacia" en
lugar de la "guerra preventiva", la combinación de Kerry y Hagel le
serviría de respaldo. Pero si Obama decide que el uso de la fuerza
es una buena idea, ni Kerry ni Hagel lo detendrán. ¿Tendrá el
presidente de Estados Unidos la voluntad de cambiar el rumbo de su
política exterior?