Sudáfrica, pese a las heridas del pasado

CLAUDIA FONSECA SOSA

Sudáfrica celebra este año el aniversario 101 de la fundación del Congreso Nacional Africano (CNA), el partido del líder Nelson Mandela que venció el apartheid y que aún hoy lucha contra el legado de ese régimen segregacionista en la sociedad y la economía de esta nación multiétnica.

Johannesburgo es la ciudad más grande y poblada, así como el centro económico más importante.

Durante la época del colonialismo del apartheid se creó un sistema jurídico que otorgaba privilegios de todo tipo a los sudafricanos de raza blanca en detrimento de los negros, aun cuando estos últimos constituían la mayor parte de la población del país.

Como consecuencia, la economía sudafricana actual "enfrenta modelos sesgados de propiedad y producción, y se caracteriza por la desigualdad, el dualismo y la marginación", que junto "al dominio monopólico" de las trasnacionales obstaculizan las metas de crecimiento y desarrollo nacional, asegura el presidente Jacob Zuma.

El mandatario, quien ahora busca la reelección para un nuevo mandato, afirmó en el acto de celebración onomástica del CNA que su partido está comprometido con la transformación de la economía para eliminar la pobreza, el desempleo y las diferencias entre un grupo poblacional y otro en el país, herencia de aquellos años de injusta opresión sobre los sudafricanos de piel negra.

Zuma llamó a sus seguidores a no bajar la guardia en el cumplimiento estricto de los proyectos gubernamentales de desarrollo e infraestructura, presentados dos años atrás con el propósito de estimular el crecimiento y subsanar las dificultades sociales, en aras de elevar el nivel de vida de todos los sudafricanos, sin distinción de raza ni credo.

Un censo estadístico divulgado en el 2012 reveló que en Sudáfrica —donde residen unos 48 millones de personas— todavía existe una notable brecha entre la población negra y blanca en materia de salud, educación y salario. De ahí que entre los planes del Gobierno sobresalga la necesidad de crear nuevos empleos y ampliar el alcance de los programas sociales en las comunidades de menos recursos.

La lucha contra el VIH/SIDA constituye una prioridad para el país, donde gracias al trabajo de las autoridades y otros organismos internacionales ya se han logrado disminuir las tasas de nuevos contagios y de transmisión de madre a hijo.

Otros planes del CNA, que asumió el poder en 1994, incluyen la redistribución de las tierras cultivables y la creación de una zona económica especial.

En el 2011, Zuma anunció un proyecto para incrementar la competitividad de la industria mediante un aumento de las inversiones públicas. En tanto, continúan latentes los debates a lo interno de los sindicatos acerca de la eventual nacionalización de las minas, principales fuentes de capital en el país.

Sudáfrica tiene un subsuelo rico en recursos minerales. Es el mayor exportador de oro y cromo, y el cuarto productor de diamantes del planeta. Produce el 70 % del platino mundial y posee también el 60 % de las reservas globales de carbón.

Esta economía emergente, miembro del grupo BRICS integrado además a Brasil, Rusia, India y China, y la más fuerte de todo el continente africano —pues acapara casi un 30 % del Producto Interno Bruto regional—, cuenta con una sofisticada estructura financiera y una bolsa de valores activa que se sitúa entre las veinte primeras del mundo en términos de capitalización bursátil.

Lidera asimismo las producciones internacionales de materiales rodantes ferroviarios, combustibles sintéticos, y equipamiento y maquinaria minera. La actividad agrícola y ganadera emplea a casi el 30 % de la población activa, sobre todo en los viñedos, ya que Sudáfrica es el sexto productor mundial de vino.

Tras el Mundial de Fútbol del 2010, el sector del turismo y los servicios han experimentado un crecimiento impactante, que según expertos podría reportar una gran parte de los beneficios necesarios para las inversiones de infraestructuras que el Gobierno emprende.

La Sudáfrica de hoy aboga por la justicia social y la defensa de los derechos de todos sus ciudadanos. Como miembro del Movimiento de Países No Alineados, potencia la cooperación sur-sur y comparte la voluntad de trabajar junto a otras fuerzas progresistas en la construcción de un nuevo orden mundial, pacífico y equitativo.

 

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