Justo cuando nos aprestamos en este primer mes del año a celebrar
el aniversario 160 del natalicio de José Martí, el más universal de
los cubanos, y previo a la concreción de una importante convocatoria
como es la III Conferencia Internacional por el equilibrio del
mundo, ese pensamiento del Apóstol, hoy más vigente que nunca, nos
lleva a recorrer el continente para encontrar a otro gran pensador,
nacido también en enero de 1839, 14 años antes que nuestro Héroe
Nacional.
De ese gran amigo de Cuba, en el periódico El Federalista, el 5
de diciembre de 1876, Martí escribió: "es una hermosa inteligencia
puertorriqueña cuya enérgica palabra vibró rayos contra los abusos
del coloniaje, en las cortes españolas, y cuya dicción sólida y
profunda anima hoy las columnas de los periódicos de Cuba Libre y
Sur América que se publican en Nueva York... Ahora publica el orador
de Puerto Rico, que ha hecho en los Estados Unidos causa común con
los independientes cubanos, un catecismo de democracia, que a los de
Cuba y su isla propia dedica... ".
A los dos los abraza un orgánico pensamiento de esencias éticas.
A ambos los encuentra su credo por la especie humana hasta llegar a
pensarla y sentirla como Patria, porque Martí y Hostos parten de la
misma simiente: la dignidad.
Del patriotismo, Hostos considera que "pasa de sentimiento a
deber, cuando el patriota tiene tan exacta idea de su dignidad
personal y de la dignidad colectiva de la sociedad nacional, que
llega a refundir todos los afectos, deseos, ideas derechos y deberes
afijos a la noción de Patria. Sin dignidad no hay patriotismo, sin
individuos profundamente dignos, no hay patriotas", sentenció.
Y Martí, en plena consonancia con el boricua, nos legó que: Para
la Patria nos levantamos. Es un crimen levantarse sobre ella... El
vanidoso mira a su nombre; y el hombre honrado a la Patria... La
Patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal. Se le sirve, pero
no se la toma para servirse de ella... La felicidad tiene garantía
sólida en el concepto de independencia y dignidad humana.
Patria es Humanidad, dijo Martí. En tanto Hostos, vio en la
Confederación Antillana esa Patria, con base en Cuba, Puerto Rico y
República Dominicana, que luego, como el Apóstol cubano, alargó
hasta toda la América, a la que quería llamar Colombia.
De la misma manera que Martí vio en las Antillas libres la
posibilidad del equilibrio del mundo, esa premisa fue la que
alimentó la Confederación hostosiana en la propia región.
Los dos vieron en la educación una potente arma de los pueblos.
"La educación empieza con la vida, y no acaba sino con la muerte".
"Puesto que a vivir viene el hombre, la educación ha de prepararlo
para la vida". "Ser culto es el único modo de ser libres", son
frases martianas con total empatía a la hostosiana: "América debe
salvarse por la educación, pues es su único camino para llegar al
progreso y a la unidad por la que tanto lucharon los libertadores y
han anhelado los grandes pensadores y políticos para alcanzar la
integración latinoamericana".
Un día antes de caer en combate, Martí advirtió en la carta
inconclusa a su amigo Manuel Mercado, que España se entendería con
Estados Unidos y por eso le dice: "ya estoy todos los días en
peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber —puesto que lo
entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con
la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los
Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras
de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso".
Hostos, que le sobrevivió y pudo comprobar en vida la sentencia
martiana, expresó en julio de 1898 a The New York Comercial: "Si mi
país se somete al yugo americano, le diré adiós para siempre. La
libertad de Puerto Rico y de otros países de habla española ha sido
el ideal de mi vida; y, si mis patriotas cambiaran un yugo por otro,
dedicaré mis energías a la misma causa republicana pero me quedaré
siendo el expatriado que he sido durante treinta años".
Por esta razón aún después de su muerte, el 11 de agosto de 1903,
Eugenio María de Hostos sigue siendo un expatriado. A petición suya,
sus restos yacen en la República Dominicana, país que lo acogió
durante años y donde hizo grandes aportaciones como educador y
sociólogo. Se dice que allí descansará hasta el día en que Puerto
Rico sea un país libre.
Antes, en su novela, La Peregrinación de Bayoán, había
dicho: "Entretanto que yo sueño con la fraternidad de los pueblos de
la América española, pregunto por mi Patria y no la encuentro,
porque no es Patria el lugar donde nacemos, si nos quitan el derecho
de servirla, si entregan su felicidad a los que la desdeñan, si
niegan la posesión de lo que es nuestro".
Intelectual, educador, filósofo, sociólogo, escritor, periodista,
estratega y dirigente político independentista, Eugenio María de
Hostos dedicó su vida a sembrar la semilla de la libertad de las
Antillas y Latinoamérica.
El General Máximo Gómez tras la muerte del insigne boricua
expresó: "Hostos ha muerto llevando en su corazón la pena profunda
por la suerte que le cupo a su Puerto Rico en la última batalla
librada en América por la libertad e independencia de dos pueblos.
No olvidemos nunca los dominicanos la memoria de nuestro mejor
amigo, Eugenio María de Hostos".
Hoy, cuando ese Puerto Rico cambió de yugo para seguir siendo una
colonia, cuando la enajenación imperial promueve armas nucleares,
gastando millones de millones de dólares en armamento, mientras el
planeta se consume bajo el cambio climático, cuando es más necesario
que nunca el equilibrio del planeta, este abrazo ético y humano de
Martí y Hostos, nos sigue convocando.