Pakistán
seguía el viernes bajo impacto tras haber vivido una de las jornadas
más sangrientas de su convulsa historia reciente, con 125 muertos en
una serie de atentados principalmente contra chiitas, a pocos meses
de elecciones generales en este inestable país dotado del arma
nuclear.
El ataque más devastador, fue un doble atentado en un club de
billar repleto de gente en ciudad de Quetta, capital de Baluchistán,
de mayoría chiita, que dejó 92 muertos y 121 heridos, indicaron las
autoridades locales.
Este es uno de los ataques más graves contra esta comunidad
musulmana. Se trata asimismo del ataque más mortífero desde el doble
atentado suicida delante de un centro de entrenamiento de la policía
en Shabqadar (noroeste) el 13 de mayo de 2011 en el que murieron 98
personas.
El atentado de Quetta contra la minoría chiita, de la que procede
el 20% de la población total de Pakistán (180 millones de
habitantes), fue reivindicado por los extremistas sunitas del
Lashkar e Jhangvi (LeJ), principal grupo rebelde antichiíta del
país.
Aliado a Al Qaida y a los talibanes paquistaníes, el LeJ estuvo
implicado en el secuestro y el asesinato del periodista
estadounidense Daniel Pearl, decapitado en enero de 2002.
Centenares de chiitas organizaron el viernes una sentada de
protesta frente al local devastado por el atentado, y rehusaron
enterrar a sus familiares muertos mientras el ejército no garantice
la seguridad en la ciudad, en lugar de la policía o de los
paramilitares, considerados ineficaces o corruptos.
El gobierno provincial de la región anunció tres días de duelo,
pero sin convencer a los manifestantes que permanecían en la calle
alrededor de una treintena de víctimas mortales colocadas en
ataúdes.
Baluchistán, una de las regiones más pobres de Pakistán, es
escenario habitual de violencia, principalmente contra la minoría
chiita, o vinculada al conflicto entre las autoridades y una
insurrección local.
Los rebeldes de Baluchistán se alzaron en 2004, reclamando una
autonomía política y un mejor reparto de los beneficios obtenidos de
los recursos mineros y de gas de la región.
Un primer atentado con explosivo se había producido poco antes
también en Quetta, causando la muerte a 11 personas en un mercado
muy concurrido.
Otro atentado se produjo también el jueves en el noroeste, en
Mingora, capital del valle del Swat, donde una bomba colocada en la
sede de un movimiento religioso dejó 22 muertos y mas de 80 heridos
La organización de defensa de Derechos Humanos Human Rights NATC
(HRW) reaccionó el viernes condenando "la cobardía y la indiferencia
de las autoridades" frente a las "matanzas" de chiitas, cada vez más
frecuentemente víctimas de ataques en Pakistán en los dos últimos
años.
Según HRW, 2012 fue el "año más sangriento" para esta minoría
musulmana en la historia del país, con más de 400 muertos en ataques
o atentados.
Francia condenó el viernes "con la mayor firmeza" los atentados
del jueves y exhortó a las autoridades paquistaníes a que "hagan
cesar las violencias religiosas" y a combatir los extremismos.
La negra jornada del jueves confirma el alza de la violencia
observada en las últimas semanas en varias regiones de este país,
una realidad inquietante a pocos meses de las elecciones generales
previstas en la próxima primavera boreal.
Para el general retirado y analista político, Talat Masood, la
multiplicación de atentados demuestra que "el gobierno pierde
totalmente el control de la situación" y que en este contexto será
"muy difícil organizar elecciones" en los plazos previstos.
Todo ello se produce además en un contexto de crecientes
tensiones fronterizas en los últimos días entre Pakistán e India,
dos potencias nucleares vecinas, en la disputada zona de Cachemira.