Montado
en un corcel alado, el noruego Magnus Carlsen viaja hacia el
infinito tras romper las barreras de lo permisible y hacer del
ajedrez su más perfecta obra.
Ya ni el más acucioso futurista pudiera vaticinar lo que sucederá
de ahora en lo adelante y sus 2 861 puntos Elo marcan una cota solo
dada a los elegidos por Caissa, la dríade griega venerada como la
musa del juego ciencia.
Recién cumplidos los 22 años, edad en la que el mito Garry
Kasparov se proclamó campeón del mundo, el joven Gran Maestro
escandinavo legó a las futuras generaciones los primeros trazos de
lo que bien pudiera llamarse la "era Carlsen", y arrebatarle al
genial trebejista ruso un liderato añejo, para muchos
inconquistable.
Trece años después de que el Ogro de Bakú alcanzara los 2 851
puntos Elo, el Mozart del Ajedrez, le superó tras bregar una ruta
ante los más prominentes exponentes de los trebejos en el mundo.
La interpretación del juego ciencia, la manera en que traduce
sobre el tablero sus ideas, el constante peregrinar por los
misterios del milenario deporte, su fantasía, sangre fría y forma
descarnada en que bate a sus antagónicos, signan su genialidad.
En el Torneo de Londres, su más reciente presentación, ganó cinco
de sus siete primeras partidas y cerró su actuación con unas tablas
frente al actual campeón del mundo, el indio Viswanathan Anand, para
jugar el torneo de su vida, según los conocedores.
En el London Chess Classic se le escaparon vivos el ruso Vladimir
Kramnik y el estadounidense de origen japonés Hikaru Nakamura
(segundo y tercero, respectivamente), además de Anand. Nada
despreciable.
Nacido el 30 de noviembre de 1990, en Akershus, Noruega, Carlsen
encabezó la lista mundial de Elo durante casi todo el año pasado y
en diciembre exhibió un elevado coeficiente de 2 848 unidades, a
solo tres de la cota que Kasparov alcanzó en 1999.
Sin embargo, el triunfo en la capital del Reino Unido le puso de
golpe y porrazo en la cima, un autorregalo de proporciones inéditas,
pero merecido.
Según los conocedores, Carlsen es un jugador tan competitivo que
le molesta, incluso, cuando vence demasiado fácil a sus
contendientes. En opinión de los especialistas, nunca se jugó mejor
ajedrez del demostrado por el bisoño trebejista. Y es dable pensar
que siga progresando y mejore este registro. Solo hay que esperar.
El reto en este año de su debut recordista será el Torneo de
Candidatos al título mundial con sede en Londres y que se jugará en
la primavera. De ganarlo, sería el retador del Anand, monarca del
orbe, en serie que se celebrará también en noviembre de este año en
una sede aún no determinada. Algo que ni siquiera el mítico Bobby
Fischer consiguió a la primera oportunidad.
Con 14 años le ganó al excampeón mundial Anatoly Karpov en una
competición de partidas rápidas. Luego le dio un repaso a Kasparov,
que logró in extremis forzar unas tablas. Molesto in
extremis por el desenfado de aquel adolescente, el Ogro de Bakú
le retó a una segunda partida que ganó cómodamente. "Jugué como un
niño", se lamentó Carlsen.
Su memoria fotográfica es objeto de los más disímiles
comentarios. Con cinco años recitaba de carrerilla el nombre, la
extensión y la población de las 430 poblaciones de Noruega. Desde
los ocho años juega torneos de ajedrez, y en el 2004 se convirtió en
el Gran Maestro más joven de la historia, con 13 años, cuatro meses
y 26 días.
De momento, el noruego es el nuevo líder del ajedrez en el
planeta, y a su paso habrá que quitarse el sombrero.