La Llama Martiana que se traslada en faroles, símbolo de la
Campaña de Alfabetización, es portada de mano en mano por jóvenes de
todo el país, y avanza —desde el primero de enero que salió del
cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba— por la Carretera
Central, hallando a su paso el abrazo del pueblo que sale de sus
casas para encontrarse, una vez más, con el Apóstol.
Y es que en cada paso estos jóvenes enfatizan las muchas
motivaciones que tiene hoy la juventud para abrazar nuestra historia
y a un pueblo multiplicado que rememora su larga tradición de lucha
por la independencia, así como defender el legado martiano, la
Patria y la Revolución.
Con optimismo y convicción los andantes rinden culto al Apóstol
por su legado inmortal, como el que encontramos en su copiosa
correspondencia, en su oratoria, en su obra periodística, en su
quehacer de insistente conspirador con su majestuosa capacidad para
convencer, para persuadir y unir; ideal que los acompaña con el
objetivo de llevar la Llama hasta la capital, adonde llegará el
próximo 27 para reeditar la marcha de las antorchas que iluminará
las calles habaneras, uno de los sucesos más trascendentales de
nuestra historia, víspera de su cumpleaños 160.
En cada uno de los columnistas está la impronta de Martí, tan
sencillo y libre como sus versos, inspirando a quienes no lo dejan
morir, porque Martí es pasado, presente y futuro.
A cada paso, como un ejército de luz, estos jóvenes martianos
convidan al Apóstol a separarse del mármol y fundirnos en un abrazo
indestructible como prueba de que las nuevas generaciones sienten la
necesidad de renacer bajo su tutela.