La ciudad necesitaba algo así. Novedades como el bulevar de la
calle Francisco Vega, el rescate del Hotel Cádillac, la construcción
del Restaurante 2007 o la reanimación de un grupo de unidades,
afianzaron en los tuneros, un lustro atrás, la certeza de que se
podía continuar avanzando.
El proyecto actual, en cambio, no se ha quedado comprimido en una
amalgama de arena, piedra y cemento; adherido cual pigmento a la
fachada o sellando la grieta que deslucía y tornaba peligroso el
muro, la columna o la escalera.
A la par del empeño por transformar para bien lo arquitectónico
(estatal y residencial), cobra forma la intención de rescatar y
darles justo lugar a otros valores, más asociados a la cultura, a la
educación y al comportamiento de las personas, como condición
indispensable para el verdadero uso, disfrute, cuidado y
preservación de todo lo que material y espiritualmente pretende
sedimentar el referido proyecto.
Por ello, en las valoraciones, acuerdos e indicaciones que noche
a noche puntualizan las principales autoridades del Partido, el
Gobierno, organismos constructores, inversionistas, directivos y
especialistas responsabilizados con la ejecución de tareas, ocupa
deferente espacio también el asunto de la disciplina en todas las
direcciones: vial, urbanística, social...
Incompleto sería el saldo si al concluir la construcción del
nuevo bulevar (calle Francisco Varona) —con toda la reanimación que
experimentarán la Plaza Cultural y otras instalaciones— esas áreas
se viesen saturadas de bicitaxis, coches tirados por caballos,
revendedores ilícitos, intermediarios, sujetos que hostigan a
ciudadanos y visitantes, personas que negligentemente plantan la
suela del zapato en la pared e individuos con modales y formas de
comportamiento lesivos a los valores y normas propios de una
sociedad como la cubana.
Gradual, la acción marca pautas ya por intermedio de funcionarios
encargados de la supervisión, inspección, orden interior, salud y
otras actividades que también tributan de forma directa o indirecta
a la educación y a la cultura integral del ser humano.
Intenso, el 2012 acaba de dejar favorable estela en el derrotero
y en las aspiraciones de este proyecto, en torno al cual interactúan
—y ese es un logro inobjetable— más de medio centenar de empresas,
organismos e instituciones, bajo una misma dirección, pero con
misiones y encomiendas muy específicas.
Fe de ello ofrecen instalaciones como el Cabaret Taíno (con una
transformación y confort sin precedente hoy), la unidad El Colonial
(cuya mesa buffet, en moneda nacional, atrae y "contagia"), la nueva
cremería, el restaurante campestre Criollito, la apertura de La
Parrillada, el vuelco progresivo en la señalización de tránsito e
información social, la intención de continuar "surcando" y haciendo
florecer otros puntos de la ciudad...
Atraídas por ese ajetreo renovador, muchas personas se preguntan
de dónde salen los fondos para acometer tales acciones
constructivas, de restauración, ordenamiento, reanimación y rescate.
El financiamiento no sobreviene —extra— de lugar ajeno a la
provincia. Es sencilla y felizmente el dinero que el Estado pone
cada año en manos de los organismos y que, por lo visto, en otras
etapas no se notaba igual su empleo, no se usaba del mismo modo o no
había similar prioridad, control y "gardeo" sobre su destino y
utilización.
Que prevalezcan una calidad verdadera, obra por obra y un sentido
real del cuidado y de la conservación —institucional y socialmente—
será vital para perpetuar y corresponder en el tiempo el alcance de
un proyecto así, los valores que rescata y el serio empeño que hoy
pone el territorio para llevarlo adelante.