Los
aborígenes canadienses prosiguen hoy las manifestaciones contra las
políticas gubernamentales y en defensa de sus derechos ancestrales,
aunque el primer ministro Stephen Harper aceptó recibir a sus
líderes para discutir problemáticas de la población originaria.
En la jornada se realizaron concentraciones pacíficas frente al
metro de Vancouver, el bloqueo de los puentes Deh Cho, Cornwall y
varios puntos fronterizos con Estados Unidos.
Todas esas acciones forman parte del movimiento Idle no More (No
más Pasividad), surgido en rechazo a recientes reformas aprobadas
por el Parlamento para permitir la exploración y extracción de
petróleo y gas, así como la pesca en ríos ubicados en asentamientos
aborígenes.
Los indígenas denuncian que esas medidas vulneran sus derechos
ancestrales sobre la tierra, el agua y los recursos naturales, y son
perjudiciales para el medioambiente porque permitirán al Gobierno
controlar las zonas protegidas.
Según varios voceros del levantamiento, las protestas continuarán
porque consideran que el encuentro con el primer ministro es un mero
gesto formal y no ofrecerá ninguna solución a sus demandas.
Harper recibirá el próximo día 11 a los jefes de la Primeras
Naciones -como se autodenominan las diferentes etnias canadienses-
con el objetivo de examinar las relaciones de los tratados y los
derechos aborígenes, y el desarrollo económico, indicó un comunicado
oficial.
El dignatario conservador cedió al encuentro casi un mes después
de que Theresa Spence, líder de la tribu Attawapiskat, iniciara una
huelga de hambre hasta dialogar con él o con el gobernador general
de Canadá, David Johnston, sobre las desigualdades sufridas por los
aborígenes, los problemas de pobreza, educación e infraestructura.
La dirigente lleva 26 días instalada en una pequeña isla del río
Ottawa solo alimentándose con agua, té de hierbas y caldo de
pescado, y presenta síntomas de debilidad.
Durante ese periodo los participantes en Idle no More también
realizaron ayunos, manifestaciones, danzas y ritos ceremoniales,
entre otras actividades, en respaldo a Spence.
El movimiento ganó eco en Estados Unidos y el Reino Unido, donde
varias agrupaciones realizaron mítines de solidaridad en ciudades
como Washington, Nueva York, Sacramento, Denver y Londres.