Comenzó por donde debía, con la exhibición de un clásico, el
Napoleón, del francés Abel Gance, toda una hazaña de las
postrimerías del cine mudo, en una copia restaurada y coloreada por
la compañía que dirige el norteamericano Francis Ford Coppola y para
la que su padre, el director y compositor Carmine Coppola, creó una
banda sonora de resonancias épicas. Los que se perdieron esa
proyección podrán recuperarla el domingo 13 a las 5:00 p.m.
En la primera parte del ciclo, que cubrirá hasta el miércoles 16,
otros notorios filmes ocuparán la pantalla: Waterloo, de
Serguei Bondarchuk con Rod Steiger (lunes 7, 5:00 y 8:00 p.m.);
Napoleón, de Yves Simoneau, con Cristian Clavier (sus cuatro
partes repartidas en las tandas del martes 8 y el miércoles 9);
El señor Napoleón, de Antoine de Caunes, con Philippe Torreton
(jueves 10, 5:00 p.m.); Napoleón y yo, de Paolo Virzi, con
Daniel Auteil (las dos tandas del viernes 11); Guerra y paz,
miniserie de Robert Dorheim (Sábado 12, 5:00 p.m.); Napoleón,
de Sacha Guitry, con Daniel Gelin y Raymond Pellegrn alternando el
protagónico (lunes 14, 5:00 p.m.), Desirée, de Henry Koster,
con Marlon Brando (lunes 14, 8:00 p.m.); Guerra y paz, de
King Vidor, con Herbert Lom (martes 15, 5:00 p.m.) y Austerlitz,
en el que el propio Gance vuelve sobre sus pasos en el cine sonoro
(miércoles 16, 5:00 p.m.).
Además se ofrecerá Los fantasmas de Goya, de Milos Forman
(jueves 10, 8:00 p.m.), que tiene por telón de fondo la invasión
napoleónica a España y su impacto en el arte del gran pintor y
grabador, interpretado por Stellan Skarsgard.
El día 24 se reanudará el ciclo con la presentación de varias de
las películas mencionadas y la monumental La guerra y la paz,
de Bondarchuk.
Al presentar el programa, Jean Mendelson, embajador de Francia en
Cuba, apuntó: "No es nada sorprendente que Napoleón haya invadido el
terreno del séptimo arte: pocos personajes han invadido la Historia
como él lo ha hecho, antes de inflamar a la literatura, desde Víctor
Hugo hasta Anthony Burgess, pasando por Pushkin, Dumas y tantos
otros. Pero pronto el cine se enfrentó a una dificultad mayor que no
conoció la literatura: ¿cómo representar al primer hombre político
de la historia contemporánea quien se preocupó por crear su propia
imagen, y supo dar de sí mismo una representación que no puede
compararse con ninguna otra? Pregunte a cualquier habitante de este
planeta, que disponga de un mínimo de conocimiento histórico, a
quién adivina detrás de este hombre bajito, vestido con una modesta
levita gris, un curioso sombrero profundamente hundido paralelamente
a los hombros y la mano derecha oculta en el chaleco, y le
responderá: Napoleón".