La ambición de Inocencio

Ventura de Jesús

Foto del autorDesde muy niño soñó con ser carpintero. Al parecer fue seducido por amigos de la familia. La visita frecuente a una carpintería cercana a su casa natal despertó en él la curiosidad por ese oficio antiquísimo.

"Estuve toda una vida en esto. Me produce una gran satisfacción el trabajo con la madera y ese sentimiento se lo traslado a los obreros más jóvenes".

Lo que sí nunca imaginó Inocencio Sánchez Gutiérrez es que con el paso del tiempo iría a parar a una carpintería de aluminio. Desde hace unos diez años este destacado obrero se desempeña en un pequeño taller perteneciente a la Empresa de Producciones Varias LAMAS, del Grupo Empresarial Gardis, en Matanzas.

"Esto tiene también sus compases pero es el mismo campo. Lo mío es cortar los perfiles, llevar las piezas a los troqueles y luego iniciar el trabajo de ensamblaje, o sea, darle forma a la pieza. No es una tarea colosal pero si te equivocas a la hora de realizar una medida echas a perder todo el segmento irremediablemente".

Admite que su obra maestra es entregarse por igual todos los días. Lo estimula conocer que el producto terminado de su fábrica está destinado a las obras de mantenimiento y reanimación de centros hospitalarios de la provincia.

"Con esta carpintería de aluminio damos acabados perfectos para iluminar zonas como los salones de cirugía y de recuperación, entre otras áreas que necesitan de elevado aislamiento. Hasta la fecha se han entregado más de 900 puertas exteriores e interiores y paneles de vidrio, chapa metálica o melanina y ventanas de las mismas características".

Precisó que de ese total el mayor volumen se ha destinado a la reanimación del hospital Mario Muñoz, del municipio de Colón, donde ya concluyeron los trabajos de cambio de marquetería en los pisos tres, cuatro y cinco, y en estos momentos laboran en los pisos inferiores enfrascados básicamente en la sustitución de los paños en peor estado.

¿Cuán compleja puede ser esa modalidad?

"Las puertas y ventanas son elaboradas a partir de los perfiles o barras de aluminio y otros accesorios importados. En el taller —dijo— realizamos el servicio de corte y ensamblaje con un colectivo integrado por doce obreros, la mayoría muy joven con mucha disposición.

"Como se dice, aquí todo el mundo hala parejo para entregar en tiempo y forma y con calidad los pedidos solicitados y responder a otras crecientes necesidades en otros centros. Contamos con las herramientas necesarias y adecuadas condiciones para trabajar".

Advierte que entre otras ventajas, esas piezas de aluminio son de alta resistencia y tienen una garantía que excede los diez años. Reconoce que el salario es bueno (unos 700 pesos en la quincena), y que aunque el pago a destajo colectivo resulta ventajoso todavía puede ser mejor si se tomara en cuenta el aporte individual. "Pero no me quejo, aquí la gente rinde parejo".

Según Pedro Luis Milián, jefe de taller, se trata de un obrero muy integral, siempre de buen humor, y al que todo el colectivo acompaña con los ojos cerrados y los más jóvenes procuran infructuosamente darle alcance en la tarea de cada día.

Pero más que exhibirse como el obrero de mayor rendimiento de la pequeña fábrica o el que acumula superior cantidad de méritos, su única ambición es concluir cuanto antes con la reanimación del Mario Muñoz.

"El propósito nuestro es terminar allí lo más rápido posible para contribuir después al mejoramiento de los hospitales de Jagüey Grande, el policlínico de Coliseo, el hospital Materno y el hospital provincial, entre otros importantes centros de salud de la provincia".

 

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