Desde Haití

Fin de año en Port-de-Paix

Leandro Maceo Leyva, enviado especial

Transcurrían las últimas horas del 2012. Se iba un año y llegaba otro. Despedir al viejo y recibir al nuevo era un imperativo. Con ese propósito los miembros del Consejo de Dirección de la Brigada Médica Cubana (BMC) se trasladaron hasta los diez Departamentos que conforman el país, donde los colaboradores que ellos apadrinan prestan sus servicios de asistencia médica gratuita.

La doctora Maritza Hernández (derecha) vicecoordinadora de Asistencia Médica de la BMC y madrina del Departamento Noroeste, le entrega la postal de felicitación firmada por Fidel a la especialista en primer grado de Medicina General Integral Bettys Rico Alegría, quien se desempeña como jefa del referido departamento.

Luego de recorrer cientos de kilómetros, transitar por caminos de difícil acceso y desafiar a la eventualidad nos recibió un caluroso y sincero saludo. Habíamos llegado a Port-de-Paix, la cabecera departamental del Noroeste. Los 35 colaboradores que trabajan en esa posición de la geografía haitiana se habían distribuido las tareas de la casa para esperar el 2013 "en familia".

Solo un ambiente como el que encontramos posibilitó que nos sobrepusiéramos al cansancio y al impacto visual del trayecto. Transcurridos apenas unos pocos minutos de estancia, experimenté algo único: la sensación de conocer de toda la vida a cada uno de los presentes.

Fue como haber llegado a nuestras casas. Todo cuanto estaba a su alcance quedó a nuestra disposición. Un vaso de agua, un plato de comida, un café recién hecho, una cama donde descansar, un juego de dominó...

Un poco más tarde nos convocó la Patria: entonar las notas de los himnos nacionales de Haití y de Cuba, recibir las postales para la ocasión firmadas por Fidel y el reconocimiento de nuestro pueblo y Gobierno, así como de la dirección de la Brigada por la labor realizada complementaron la ocasión.

A pesar de estar distantes de los seres queridos, nadie se sintió solo. No faltaron las lágrimas, los recuerdos y el anhelo por los suyos, quienes de una u otra forma estuvieron siempre. Tampoco faltó la comida tradicional cubana para la ocasión.

En cada uno de nosotros: cubanos del oriente, centro y occidente del país, haitianos integrantes del club de Amigos de Cuba y jóvenes graduados de la Escuela Latinoamericana de Medicina se dibujó una suerte de empatía y una unidad espiritual inquebrantable.

Port-de-Paix está geográficamente muy cerca del territorio cubano, pero no fue por ello que me sentí junto a los míos. Los que compartimos ese momento entregamos en cada segundo la sonrisa, el aprecio y la posibilidad de contar el uno con el otro como hermanos.

Cuando pasen los años y podamos ver las fotos de aquel día, señalar con el dedo y decir: "esto lo vivimos el 31 de diciembre del 2012, mientras cumplíamos misión en Haití", será necesario, incluso en la distancia y sin la seguridad de volver a vernos, rememorar a Port-de-Paix, a la solidaridad, a los cubanos, a los haitianos, a los hombres y mujeres de buena voluntad, al destino y a la mano amiga, esa que aquel día estuvo allí, donde la vida te pone sus peores pruebas, y a las cuales solo puede sobreponerse lo más sencillo y verdadero que nos acompaña como seres humanos.

 

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