El tema, sin lugar a dudas, es de poco conocimiento en países
como Estados Unidos y otros que tienen la hegemonía de esas armas.
Su divulgación es casi nula y más bien se justifica el posible
empleo de esos artefactos como respuesta viable en una confrontación
futura.
Razón más que suficiente para que países como Cuba, hayan
advertido ante Naciones Unidas que "terminar con los riesgos de una
guerra nuclear es de los grandes desafíos todavía pendientes de la
historia global".
Nuestro país propuso, y se aprobó por abrumadora mayoría de 165
votos a favor, ninguno en contra y las abstenciones de los Estados
Unidos, Israel, Francia y Reino Unido, la convocatoria para el 26 de
septiembre del 2013 de la primera Reunión de Alto Nivel de la ONU
sobre Desarme Nuclear.
El Movimiento de Países No Alineados dio respaldo absoluto a la
propuesta y evidenció el sentido común de que "la única garantía de
que las armas atómicas no puedan emplearse jamás, será su
eliminación y prohibición total".
Esta realidad, sin embargo, se enfrenta a otra, más lapidaria e
irresponsable, de potencias nucleares empecinadas en abortar
cualquier intento internacional de controlar el desarrollo, o hacer
válida la demanda de acabar con este tipo de medios de muerte.
La existencia de más de 23 mil armas nucleares, de las cuales 12
mil están listas para su empleo inmediato, debía ser la razón mayor
para acabar con ellas. Solo Estados Unidos tiene 5 200 cabezas
atómicas operativas y de ellas hay 2 700 listas para su empleo.
El asunto traspasa fronteras e ignora crisis. De esa forma puede
observarse como Washington, en medio de una crisis económica y
sistémica de grandes proporciones, ha decidido invertir 10 mil
millones de dólares para la modernización de las armas nucleares que
tiene instaladas en Europa.
El sentido debería ser diferente, es decir, una Europa casi
colapsada económicamente, no necesita más desarrollo nuclear, sino
le vendría bien una inyección monetaria para enfrentar la grave
situación por la que tiene que reprimir a los manifestantes que por
cientos de miles se lanzan a las calles pidiendo trabajo, comida y
cese de las reformas neoliberales capitalistas.
En el desembolso del Pentágono para "ayudar" a Europa, se prevé
un contrato para el diseño de un nuevo kit de cola bajo, para
mejorar la caída libre de las bombas nucleares B61.
El plan incluye diseñar bombas guiadas por GPS, lo que podría
hacer de esta versión mejorada el arma más precisa de destrucción
masiva que jamás haya existido en el planeta.
Se trata solo del B61, uno de los 7 tipos de armamentos en el
arsenal nuclear estadounidense y se estima que su actualización
costará cifras millonarias en el transcurso de 5 años. Además, se
necesitarán otros 5 mil millones para la bomba W78 y 4 mil millones
más para la W76.
De acuerdo con datos públicos del Bulletin of Atomic Scientists,
un grupo fundado por los padres de la bomba atómica, Estados Unidos
tiene 2 200 cabezas nucleares estratégicas, 500 ojivas nucleares
tácticas de corto alcance, así como 450 misiles Minutemen III de un
alcance de 5 500 kilómetros, equipados con cabezas nucleares únicas
y múltiples. Estas armas —lanzadas desde silos terrestres o
submarinos— tienen el rol protagónico en los escenarios de una
guerra nuclear total.
Además, y como si lo anterior fuera poco, los 14 submarinos
nucleares norteamericanos lanzadores de proyectiles de clase Ohio
cuentan con 288 misiles balísticos o 1 152 ojivas nucleares. Los
submarinos están equipados con el Trident II D5, con una potencia
que puede alcanzar las 455 kilotoneladas (30 veces más que la bomba
lanzada en Hiroshima).
No se quedan rezagados los bombarderos, ya que el Pentágono puede
lanzar 500 armas nucleares desde aviones B-2A Spirit y B-52H. Unos
60 bombarderos de los 113 de la flota estadounidense tienen una
misión nuclear.
Estados Unidos, con un gasto militar de unos 700 mil millones de
dólares al año, de ellos unos 12 mil millones en las guerras de Iraq
y Afganistán y de ayuda a Israel, ha priorizado la evolución y
desarrollo en el campo de la investigación científica con fines
militares.
Al respecto, ponen especial énfasis en las armas nucleares; los
robots militares; las armas de energía dirigida, catalogadas como
"no letales"; y la utilización de la cibernética para fines de
espionaje.
Una subunidad del Comando Estratégico de las Fuerzas Armadas con
la designación de Cyber Comando (USCYBERCOM), creada en el 2009,
obtuvo capacidad operacional a fines del 2010.
Todo este desarrollo nuclear y de otro tipo vinculado a la guerra
y a la muerte, evidencia que Washington no planea prescindir del
armamento atómico en el futuro.
Valdría entonces preguntarse ¿dónde está el sentido común de
quienes mantienen a la humanidad bajo la incertidumbre de un
apocalipsis nuclear?