LISBOA.—
Desde los años sesenta, cuando las salidas masivas de portugueses
eran una constante, este país no sufría una emigración de tal
magnitud como la actual, con el agregado de que por primera vez
incluye a profesionales altamente calificados.
Un millón de personas, que equivalen a 9,8 % de la población
actual de Portugal, se radicaron en el exterior en los últimos 14
años, un indicador que no para de crecer, según se desprende de las
últimas declaraciones del secretario de Estado de las Comunidades,
José Cesário, quien estima en 120 mil los emigrados en el 2011 y
algo más este año que termina.
La economía nacional comienza a entrar en un periodo de fuerte
recesión en el 2011 con la aplicación de las recetas del Fondo
Monetario Internacional, la Unión Europea y el Banco Central
Europeo, la troika de acreedores que concedieron a Portugal un
préstamo de 110 mil millones de dólares con el propósito de rescatar
la economía nacional.
El plan de la troika se centró en el saneamiento de las finanzas
públicas, con un aumento colosal de impuestos y de precios, la
reducción de salarios, la eliminación de subsidios de Navidad y para
vacaciones, y el aumento de la jornada laboral, todo lo cual hizo
llegar la desocupación a cifras sin precedentes, hasta alcanzar al
16,9 % de la población económicamente activa, según datos oficiales,
pero que los estudios de sindicatos elevan a 24 %.
Estos indicadores agravaron la recesión, llevando la deuda
pública hasta el equivalente a 129 % del Producto Interno Bruto
(PIB), un récord histórico, y provocando la quiebra este año de 6
150 empresas, lo cual hace un promedio de 17 por día.
Para huir de la crisis, miles de personas ven en la emigración la
única válvula de escape, en especial jóvenes profesionales
universitarios y con posgrados académicos, a niveles que no tienen
comparación con los demás países europeos.
Las consecuencias que anuncian la mayoría de los analistas son
devastadoras para el futuro: rápido envejecimiento de la población,
con el consecuente peligro para la sustentabilidad del sistema de
seguridad social, y la "fuga de cerebros", creando un vacío de
profesionales universitarios.
El fenómeno de la emigración masiva de jóvenes "es el resultado
deseado e impulsado por los círculos responsables de las políticas
económicas y sociales en Portugal", según el politólogo Bruno
Mesquita, especialista en el tema.
Mesquita, posgrado en Ciencias Políticas en una universidad
estadounidense, indicó a IPS que "la matriz ideológica del poder
portugués prevé la concentración de riqueza en la cúspide de la
pirámide a través del clientelismo, favorecimiento de clanes
familiares, empresariales y banquero, reduciendo, simultáneamente,
el gasto social en salud, educación e infraestructuras productivas".
Todas estas opciones "conducen a la contracción del producto como
un todo, mientras en la cima continúa el enriquecimiento en un
contexto de una desigual distribución de la riqueza, senda esta que
necesita una fuerza laboral poco calificada, una economía con
estructura retrógrada, con poca producción de valor agregado, basada
en la prestación de servicios y producción de bienes de bajo valor",
detalló.
En este contexto, "sin un verdadero capitalismo, sino más bien
una versión moderada del corporativismo, es que viven los jóvenes
portugueses: desocupación en aumento, proliferación de empleos
precarios y la reducción de oportunidades". Así, aunque sea solo
para sobrevivir "a un nivel meramente aceptable, es que optan por
emigrar", interpretó el politólogo.
Mesquita advirtió sobre "la dimensión perversa de la emigración,
que beneficia a los grupos del vértice de la pirámide social, que
esconde una economía rehén de los clanes, poco productiva y
monopolizada, lo cual significa que no existen incentivos para
mantener a los jóvenes en Portugal, sino que, por el contrario, su
salida del país atenúa el conflicto social y político".
La diputada socialista Ana Catarina Mendes, elegida por primera
vez para el parlamento en 1995 cuando solo tenía 22 años, subrayó a
IPS que Portugal vive hoy "la paradoja de tener la generación más
calificada y, al mismo tiempo, la menos aprovechada".
La democracia inaugurada en 1974 "abrió las puertas a la igualdad
de oportunidades en la educación e hizo nacer una generación con
altas calificaciones, esa que hoy Portugal desperdicia", deploró.
El gobierno del primer ministro conservador Pedro Passos Coelho
"dictó una nueva realidad: la emigración de muchos jóvenes
calificados", subrayó.
Mendes lamentó que el Poder Ejecutivo, "ante la enorme crisis en
que nos encontramos, optó por el camino de la destrucción del país,
reduciendo la inversión en la economía, con lo cual aumentó el
desempleo, impuso sacrificios insoportables haciendo crecer la
pobreza y la desigualdad". (Fragmentos tomados de IPS)