Deudas de Reina María

MADELEINE SAUTIÉ RODRÍGUEZ

A diferencia de lo que sucede en muchos espacios literarios a los que son invitados los autores para compartir en vivo con el auditorio su obra, no pude hallar, para llevarlo a casa, ni uno solo de los más de 30 libros que tiene en su haber la poeta y escritora Reina María Rodríguez

Foto: Yander ZamoraPara la Feria del Libro saldrá por el sello editorial de Letras Cubanas Otras mitologías (prosas y fotos), otro de los títulos variopintos de Reina María Rodríguez, como el ya publicado Variedades de Galiano. 

Cierto, como comentó al presentarla el pasado diciembre en el Centro Dulce María Loynaz su anfitriona Marilyn Bobes, que no es Reina María dada al protagonismo, ni suele vérsele, en el bullicioso mundo cultural habanero. Sin embargo —y a pesar de controversiales criterios sobre sí misma y sobre su propia creación artística, laureada por instituciones como Casa de las Américas y la UNEAC, y merecedora del Premio de Novela Ítalo Calvino, 2006, por Tres maneras de tocar un elefante, entre otros— no significan esos aparentes alejamientos ni ausencias ni treguas en el camino emprendido, hace ya unas cuatro décadas. por el contrario, una importante factura como promotora cultural, que incluye tertulias y ediciones de libros, en el proyecto Torre de Letras, ha sido, junto a la producción misma de su obra, el voto de esta mujer que, aunque mayormente conocida por su lírica, ha hecho también narrativa, concebida con particularísimo sello.

"Escritora ha sido siempre para mí una palabra muy seria, creo que he sido escribidora. Hubo momentos en que yo quería hacer una novela pero me daba cuenta de mi falta de ingeniería, la falta de una estructura era solamente algo que yo quería llenar con lenguaje. En realidad los libros que escribí me sirvieron para llenar mi falta de centro, de amor, de muchas cosas. Y mi imposibilidad es lograr eso perfecto, es poder lograr una novela o un libro de poesía donde yo tenga relleno, un lugar donde todo vaya de verdad hacia un fin a través de los procesos por donde camino para llegar a ningún lugar".

El rasgo identificativo de su prosa en la que imbrica todos los géneros sin temerle a que pueda ser decodificado ese estilo por el lector, y su fe en la palabra, que usa caprichosamente según "la arbitrariedad que tienen en mi memoria y en mi emoción, a partir de la sensibilidad y de las impresiones", también fueron abundados por la autora para finalmente escucharle decir al respecto que no cree en los géneros "por mi incapacidad para hacerlos".

Por momentos sorprende su sinceridad, ahora referida al difícil oficio poético: "Siempre me importó el error, porque escribí poemas pero nunca poemas perfectos. He trabajado con mi propio error, con materiales de residuo, de desecho, con las cosas que están siempre imperfectas".

Como un bálsamo que la cubre en los momentos de mayor agresión de la realidad son usados por la autora "esos mazos de lenguaje" que le ha dado la ininterrumpida lectura. "El texto me sirve para protegerme", asegura, y continúa la ronda deleitando con la fuerza de su mensaje.

Lee sus versos, algunos conocidos, otros inéditos, y mucha gente siente que les vienen como anillo al dedo. Poema de navidad; Poema a la sexualidad de la madera; Orégano mamá, Bosque negro, morir dos veces, Clientas¼ Del ya lejano poemario Cuando una mujer no duerme, son estos, que siguen destilando una ingenua dulzura que no sabe, con los años, marchitarse: "Yo quiero prometer alguna cosa/ todavía quiero prometer/ no sé por qué".

Un viejo poema que duerme en el único libro que poseo con textos de Reina María, y que hace más de veinte años me acompaña, me da nuevas razones, después de tan grata cercanía, para creerle que entre sus muchos compromisos, cuentan "muchas deudas/ infinitas deudas con la vida".

 

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