Cierto, como comentó al presentarla el pasado diciembre en el
Centro Dulce María Loynaz su anfitriona Marilyn Bobes, que no es
Reina María dada al protagonismo, ni suele vérsele, en el bullicioso
mundo cultural habanero. Sin embargo —y a pesar de controversiales
criterios sobre sí misma y sobre su propia creación artística,
laureada por instituciones como Casa de las Américas y la UNEAC, y
merecedora del Premio de Novela Ítalo Calvino, 2006, por Tres
maneras de tocar un elefante, entre otros— no significan esos
aparentes alejamientos ni ausencias ni treguas en el camino
emprendido, hace ya unas cuatro décadas. por el contrario, una
importante factura como promotora cultural, que incluye tertulias y
ediciones de libros, en el proyecto Torre de Letras, ha sido, junto
a la producción misma de su obra, el voto de esta mujer que, aunque
mayormente conocida por su lírica, ha hecho también narrativa,
concebida con particularísimo sello.
"Escritora ha sido siempre para mí una palabra muy seria, creo
que he sido escribidora. Hubo momentos en que yo quería hacer
una novela pero me daba cuenta de mi falta de ingeniería, la falta
de una estructura era solamente algo que yo quería llenar con
lenguaje. En realidad los libros que escribí me sirvieron para
llenar mi falta de centro, de amor, de muchas cosas. Y mi
imposibilidad es lograr eso perfecto, es poder lograr una novela o
un libro de poesía donde yo tenga relleno, un lugar donde todo vaya
de verdad hacia un fin a través de los procesos por donde camino
para llegar a ningún lugar".
El rasgo identificativo de su prosa en la que imbrica todos los
géneros sin temerle a que pueda ser decodificado ese estilo por el
lector, y su fe en la palabra, que usa caprichosamente según "la
arbitrariedad que tienen en mi memoria y en mi emoción, a partir de
la sensibilidad y de las impresiones", también fueron abundados por
la autora para finalmente escucharle decir al respecto que no cree
en los géneros "por mi incapacidad para hacerlos".
Por momentos sorprende su sinceridad, ahora referida al difícil
oficio poético: "Siempre me importó el error, porque escribí poemas
pero nunca poemas perfectos. He trabajado con mi propio error, con
materiales de residuo, de desecho, con las cosas que están siempre
imperfectas".
Como un bálsamo que la cubre en los momentos de mayor agresión de
la realidad son usados por la autora "esos mazos de lenguaje" que le
ha dado la ininterrumpida lectura. "El texto me sirve para
protegerme", asegura, y continúa la ronda deleitando con la fuerza
de su mensaje.
Lee sus versos, algunos conocidos, otros inéditos, y mucha gente
siente que les vienen como anillo al dedo. Poema de navidad;
Poema a la sexualidad de la madera; Orégano mamá,
Bosque negro, morir dos veces, Clientas¼ Del ya lejano
poemario Cuando una mujer no duerme, son estos, que siguen
destilando una ingenua dulzura que no sabe, con los años,
marchitarse: "Yo quiero prometer alguna cosa/ todavía quiero
prometer/ no sé por qué".
Un viejo poema que duerme en el único libro que poseo con textos
de Reina María, y que hace más de veinte años me acompaña, me da
nuevas razones, después de tan grata cercanía, para creerle que
entre sus muchos compromisos, cuentan "muchas deudas/ infinitas
deudas con la vida".