El arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Ortega, bendijo hoy el
Cristo de la Bahía de La Habana al concluir la restauración de la
enorme estatua marmórea.
La monumental escultura de color blanco se alza en la colina de
La Cabaña frente al abrigado puerto, cerca del faro del Morro, otro
emblemático símbolo de la ciudad.
Ortega dijo durante el rito de bendición que, como decía la
autora del Cristo, la escultora Jilma Madera, "la imagen no era para
adorar, sino para recordar".
Pero para recordar a Cristo. "Y pensar que ahora -añadió- después
de tantos y tantos años, de nuevo aparece y aparecerá cada vez más
iluminado en la noche!".
"Creo que podemos llamar nueva a esta escultura, porque nuevo es
el momento de la historia en el que se reabre, muy distinto de aquel
en que se erigió y se puso en este lugar", dijo el purpurado.
Señaló que la restauración ocurre en otro siglo "y con un camino
que se renueva en nuestra patria cada vez más en muchos sentidos, en
lo económico, pero también en otros órdenes".
"En este orden mismo de la presencia de la fe religiosa en la
cultura del pueblo, en su vida cotidiana, en sus expresiones
culturales", anotó.
Según informó la revista católica Palabra Nueva, el Cristo de La
Habana fue inaugurado oficialmente el 25 de diciembre de 1958, días
antes del triunfo de la revolución encabezada por Fidel Castro.
La enorme estatua fue elaborada con mármol de Carrara, y se
compone de la unión de 67 piezas, mide 20 metros de alto y pesa 320
toneladas.
A la ceremonia asistieron, entre otros, el nuncio apostólico en
Cuba, monseñor Bruno Musaró; monseñor Juan de Dios Hernández, obispo
auxiliar de La Habana y otras autoridades eclesiásticas.
Estuvo también presente la señora Gladys Collazo, presidenta del
Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, así como restauradores,
constructores y trabajadores del Complejo Monumental Morro-Cabaña.