La
seguridad marítima se ha convertido en una nueva área de negocio
(suculenta y en expansión) para el sector privado de seguridad y
defensa.
El informe Small Arms Survey 2012 afirma que actualmente
un 25 % de los barcos en áreas de alto riesgo ha contratado
seguridad privada. Y que, ante el despliegue en el mar de este
sector, no se ha creado una regulación sobre tipos, obtención y uso
de armas de fuego. Los piratas somalíes continúan usando fusiles de
asalto, ametralladoras ligeras y lanzagranadas. La seguridad privada
utiliza una gran variedad de armas, ametralladoras pesadas, fusiles
sniper, fusiles de asalto totalmente automáticos y otras muchas.
Dice también el informe que el aumento de la oposición armada en el
mar ha provocado un aumento, por parte de los piratas, de la
violencia y el maltrato en los secuestros. Y concluye que la
presencia de agentes privados armados a bordo de los barcos que
transitan por el Índico, es una bomba de relojería que podría
estallar en manos de los supuestos protectores y protegidos.
También en el informe del Centre Delàs Piratería en Somalia
¿Excusa u oportunidad geopolítica? se destaca un incremento notable
de la contribución de los grupos de seguridad privada en el rechazo
de los ataques de los piratas. De hecho, el año 2009 dicha
contribución representaba el 1,2 % del total de ataques frustrados,
mientras que en el 2010 ya era el 13,3 % y en el 2011 llegaba al 49
%.
Parece que la seguridad privada está sustituyendo la tarea de
rechazar los ataques que antes asumía la tripulación del barco. Pero
con una diferencia sustancial: mientras que la actuación de la
tripulación era poco agresiva, los grupos de seguridad privada
utilizan armas de largo alcance.
Con respecto al Estado español, el Gobierno promueve y colabora
en el uso de vigilancia privada a bordo. Veámoslo:
En julio del 2011 la exministra de Defensa, Carme Chacón viajaba
a las Seychelles para conseguir el permiso de embarco de
ametralladoras pesadas de 12,7mm en los barcos atuneros en el
Índico. Y lo obtuvo. Hasta ese momento, los barcos solo podían
embarcar fusiles de asalto (los más modernos de las Fuerzas Armadas)
y ametralladoras de 7,62 mm, menos potentes y de menor alcance. Y
los armadores de los barcos presionaron al Gobierno para conseguir
armamento más potente. Las ametralladoras utilizadas por los equipos
de seguridad privada pertenecen al Ministerio de Defensa y se
transportan hasta las Seychelles en aviones militares.
Defensa también asume la formación de los agentes de empresas
privadas y la gestión para su traslado.
Además, el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marítimo
subvencionó el 25 % del coste de contratación de seguridad privada a
bordo. Administraciones locales como el gobierno vasco o la Xunta de
Galicia aportaban otro 25 % adicional.
La empresa Segur Ibérica suministra la protección armada a los
atuneros españoles. El ministro de Defensa, Pedro Morenés, fue
presidente de Segur Ibérica un año y tres meses antes de ser
nombrado ministro. El año 2010 la empresa era investigada por
facturar horas de vigilancia supuestamente no realizadas y por
utilizar trabajadores auxiliares de otras empresas para hacer tareas
de vigilancia, cosa prohibida por ley.
La estafa afecta administraciones públicas como los ministerios
de Hacienda, Cultura o de Política Territorial, entes provinciales,
autonómicos o locales, como la Generalitat catalana, el Ayuntamiento
de Barcelona, la Comisión Nacional del Mercado de Valores, la
Comisión Europea o la Universidad Complutense, organismos
dependientes del Ministerio de Fomento: ADIF, RENFE, AENA, FEVE... y
el museo Reina Sofía. El montante global de la estafa en dos años es
de más de dos millones de euros.
Otra empresa que perseguía contratos de seguridad marítima
(parece que sin conseguirlo) es Levantina de Seguridad, cuyo
presidente, José Luis Roberto, es dirigente de la organización de
ultraderecha España 2000. España 2000 fue denunciada por SOS Racisme
por incitar al odio racial, la violencia y la discriminación en sus
manifestaciones, pero el caso acabó sin condena.
La desconfianza extrema que nos suscita este tipo de empresa, nos
hace temer si la proliferación en el mar de empresas privadas de
seguridad, no generará una escalada de violencia. Y que la presencia
de agentes armados en puertos y aguas territoriales no provoque
conflictos vinculados al uso de la fuerza y de armas de fuego.