En medio de la histeria de recortes presupuestarios, Rajoy,
presidente del gobierno de España, aseguraba que "si hay algo que no
tocaré son las pensiones". Promesa repetida como un mantra por los
candidatos del Partido Popular en campaña electoral hace un año.
Pero el pasado 30 de noviembre, Rajoy traicionó su última promesa
electoral y decidió no aumentar las pensiones para compensar la
inflación, como cada año ordena la ley.
¿Cuestión local de España? No. Paradigma de lo que ocurre en
Europa, que se traiciona a sí misma por los intereses de su minoría
rica. Tiempo de mentira y traición. Lo que sucede en el reino de
España expresa y revela la degeneración fraguada en la Unión
Europea. Y el partido gobernante español aseguró en campaña que
había sectores que nunca tocarían porque eran sagrados: sanidad
pública, educación, servicios sociales y pensiones. Ya hemos visto
lo que hacen con las pensiones. En sanidad, los recortes
presupuestarios auguran el fin de una de las sanidades públicas más
rentables y de las menos costosas. En educación, la calidad se
precipita por el aumento de alumnos por clase y la reducción de
profesores, mientras el incremento de tasas de matrícula
universitaria más la escandalosa disminución de becas cierran el
acceso a la universidad a los hijos de clases media y trabajadora.
En servicios sociales, la supresión salvaje del presupuesto de
ayuda a personas dependientes (discapacitados de varios grados que
necesitan personas remuneradas a su lado para poder llevar una vida
decorosa, con menos sufrimiento y para seguir viviendo en muchos
casos), ha incrementado el paro hasta casi cinco millones de parados
inscritos y contribuido a reducir en más de 200 mil los trabajadores
cotizantes a la seguridad social.
Además, el gobierno español ha aumentado el IVA (impuesto sobre
el valor añadido, injusto y regresivo donde los haya, porque paga
igual el desempleado que el millonario). Lo ha hecho aunque aseguró
que no lo haría, porque subir el IVA era un sablazo de mal
gobernante a todos los ciudadanos.
También han incrementado de modo injusto y excesivo las tasas por
usar la administración de justicia; tanto, que han logrado que
abogados, jueces y fiscales, por primera vez en la historia, hayan
acordado aunar esfuerzos para que se declare inconstitucional esa
ley que hará pagar a la ciudadanía hasta 1 200 euros (más otras
cantidades variables y ascendentes según pleitos) para poder
recurrir a decisiones injustas del estado o pedir justicia frente a
otros ciudadanos o entidades.
Además, en la sanidad pública crece una lista de espera de tres
meses como mínimo para poder disponer de un diagnóstico desde que el
paciente consigue visitar al médico especialista, se hace pruebas y
conoce los resultados. Tiempo para morirse, incluso.
Y, por si fuera poco, el gobierno de Rajoy se pasa el estado de
derecho por el forro al indultar por segunda vez el fallo de la
Audiencia de Barcelona que ordenaba encarcelar a cuatro agentes
torturadores de la policía autonómica de Cataluña (Mossos d'Esquadra),
condenados y confirmada la condena por la evidencia de las brutales
imágenes de una cámara de video, cuya existencia ignoraban los
torturadores. El mismo Gobierno que ha denegado también dos veces el
indulto a un extoxicómano, David de 43 años, plenamente
rehabilitado, condenado por intercambiar hace más de veinte años dos
papelinas de heroína con otro adicto.
Y, en vez de perseguir a defraudadores de Hacienda, el gobierno
del Partido Popular concede amnistía fiscal a evasores fiscales, con
solo pagar 10 % de los beneficios de fortunas ocultas, por el que
nunca pagaron impuestos, pero no mueve un dedo para perseguir el
fraude fiscal que alcanza los 80 mil millones de euros anuales en el
reino de España.
¿Cuántas propuestas electorales más han de traicionar los
gobiernos para que la ciudadanía se harte y expulse a esas bandas de
embusteros y traidores a la democracia? Porque, no nos engañemos, no
es problema de España, sino de toda Europa. ¿Cuántas promesas
electorales no han traicionado los partidos gobernantes de Grecia,
Portugal, Italia, Reino Unido... escudándose en una crisis que
agravan? ¿Cuántos embustes al servicio de la minoría; de ese 1 %,
como recuerda Paul Krugman, que son los ricos, la clase dominante?
Los gobiernos de Europa traicionan sus contratos electorales con
el resultado de más desempleo, pobreza y desigualdad crecientes.
Pero la minoría rica es cada vez más rica. Estos gobiernos han
perdido legitimidad. Es el drama de Europa, desgobernada contra la
ciudadanía por minorías sin legitimidad.