La
política italiana es tan enredada como sus famosos espaguetis. Así
lo confirmó el exprimer ministro Mario Monti, quien se debatió este
domingo entre el ser o no ser shakesperiano de cara a las elecciones
del próximo año.
Durante una conferencia de prensa de más de dos horas, el antiguo
gobernante tecnócrata "disipó" con una alta dosis de picardía
mediterránea las dudas sobre su futuro papel en la política
italiana, tras su renuncia oficial el viernes pasado.
Monti —quien no forma parte de ningún partido político— descartó
postularse como candidato a los comicios, pero no excluyó asumir
responsabilidades para dirigir el país sobre la base de su programa
de reformas, reporta Ansa.
"Hasta ahora se ha pedido a los ciudadanos inclinarse" por un
político u otro, pero "yo no lo hago con nadie, quisiera que los
partidos y las fuerzas sociales tomasen parte por las ideas",
precisó.
En repetidas ocasiones hizo referencia a un documento que
presentará y cuyo título es Cambiar Italia, cambiar Europa,
un manifiesto político que recogerá su visión de la crisis actual.
Sus declaraciones dejaron abierta la puerta para que una futura
coalición que "asuma sus postulados" tras las elecciones pueda
llamarlo para comandar el gobierno.
Lo que sí dejó claro fue su rechazo a la invitación del polémico
exmandatario Silvio Berlusconi para liderar las fuerzas de
"centroderecha" y aseguró que hace "muchos esfuerzos para comprender
el pensamiento" de "Il Cavaliere" de la derecha italiana.
El antiguo profesor de Yale y asesor del emporio de las finanzas
estadounidense Goldman Sachs, dijo que asumió las riendas del país
"en una situación peligrosa" —de las manos de Berlusconi— y, sin
embargo, Italia superó "la emergencia financiera" de noviembre del
2011 sin pedir ayudas a la Unión Europea o al Fondo Monetario
Internacional.
"Anoche tuve una pesadilla: que Monti sigue al frente del
gobierno", respondió poco después a los medios italianos Berlusconi,
quien ya había hecho caer al gobierno tecnócrata tras quitarle el
apoyo de su partido Pueblo de la Libertad.
Sea cual sea el camino que emprenda, "Il professore", como
algunos lo llaman, llegó para quedarse en el enrevesado amasijo del
poder político italiano.