"Estados Unidos jugará un papel mayor y a largo plazo en la
configuración de la región asiática y de su futuro", aseguró el
mandatario en el 2011, una ocasión en la que no mencionó a China,
aunque sus intenciones de contención respecto a ese país fueron
obvias. Desde entonces, su gobierno ha fortalecido la cooperación
militar con aliados tradicionales como Surcorea y Australia, entre
otros, en lo que llama una "estrategia de reequilibrio".
El secretario de Defensa estadounidense, Leon Panetta, anunció en
junio que antes del 2020 el Pentágono trasladaría hacia las aguas
del Pacífico el 60 % de sus fuerzas navales, un movimiento con el
que pretenden frenar la influencia regional de Beijing, en un
intento desesperado de reafirmar su superioridad global que para
algunos analistas podría desencadenar una nueva guerra fría.
El país norteño dispone en la actualidad de más de 85 mil
militares en Asia Pacífico. Solo en Japón concentra alrededor de 47
mil efectivos. Sin embargo, estas cifras no incluyen los soldados
dispersos en países también próximos a China como Paquistán y
Afganistán.
En los pequeños estados insulares del Pacífico, Estados Unidos
mantiene innumerables bases militares con armamentos atómicos y
polígonos para ensayos nucleares, recepción de misiles balísticos y
experimentos para la guerra en el cosmos. Una táctica prácticamente
colonial, consistente con su historia expansionista.
Durante este 2012, Estados Unidos recurrió a medios diplomáticos
—lo que la secretaria de Estado, Hillary Clinton, llama "poder
inteligente"— para desestabilizar la región, aprovechándose, por
ejemplo, de tensiones momentáneas en la península coreana o de
disputas territoriales entre China y otros países asiáticos.
De acuerdo con un editorial del Diario del Pueblo, Estados Unidos
ha tratado de provocar el distanciamiento entre China y las naciones
que rodean el Mar Meridional, que en el 2002 firmaron un compromiso
para resolver sus diferencias a través de consultas amistosas
bilaterales. "Pero Estados Unidos repentinamente mostró ‘interés’ en
el asunto, lo cual podría complicar las negociaciones y
desestabilizar la región".
En su reciente gira por Asia, Obama visitó Tailandia, Myanmar y
asistió a la Cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste
Asiático en Cambodia. En cada parada abogó por "estrechar lazos".
Sin embargo, no desaprovechó la oportunidad para "aconsejar" cómo
deberían resolverse las trifulcas respecto al mar, despotricar sobre
derechos humanos y exigir a Beijing "reglas claras" en el comercio
bilateral.
La mayoría de los gobiernos asiáticos priorizan sus relaciones
con Washington, en diferentes gradaciones y en correspondencia con
sus intereses particulares. Aun así, en Cambodia se anunció que en
el 2013 la ASEAN y otros actores regionales darían los primeros
pasos para crear lo que podría ser la zona de libre comercio más
grande del mundo, y Estados Unidos fue excluido.
Obama pudo escoger otro destino, pero decidió darle la vuelta al
mundo para regresar a casa con las manos vacías.