La conjugación de pasión y objetividad evidentes en el proceso de
aproximación a la personalidad del destacado combatiente y la
ruptura de códigos convencionales en el tratamiento del género,
inclinaron decisivamente la balanza para que el jurado del Premio
UNEAC de Biografía 2011 reconociera triunfador al libro de Suárez,
que ahora Ediciones Unión pone a disposición de los lectores.
Todo apunta a que esta de Suárez es solo la parte inicial de un
proyecto mayor de biografía, puesto que se limita al plazo que va
del nacimiento de Faustino en un paraje de la geografía rural
espirituana al joven militante de la Ortodoxia que encontró en Martí
una guía para superar la mutilación de la República soñada por el
Apóstol y que, como refiere el autor, aún sin distinguirse en el
mapa político previo a la asonada del 10 de marzo de 1952, se
hallaba listo para encauzar su potencial revolucionario.
No obstante, el valor del conocimiento aportado por Suárez
permite visualizar los rasgos de la formación de un carácter en un
contexto compartido por los hombres y las mujeres de su generación y
explica las raíces de una conducta ética que el tiempo puso a prueba
y lo hizo crecer.
Del Faustino posterior a esa fecha conocemos los hitos
cronológicos fundamentales: la participación en las tareas
insurreccionales, el enrolamiento en la expedición del Granma, la
cercanía a Fidel en el infierno de Alegría de Pío, la designación al
frente de las tareas del Movimiento 26 de Julio en la
clandestinidad, la preparación y el fracaso de la Huelga de Abril,
la reincorporación al Ejército Rebelde y su misión al frente de la
Administración Civil de los territorios liberados, y luego de Enero,
la asunción como Ministro de Recuperación de Bienes Malversados, la
fundación del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, las
responsabilidades partidistas, estatales y diplomáticas y los
últimos días en el programa de transformación de la Ciénaga de
Zapata.
Suárez anticipa esa trayectoria en la introducción del libro, con
valoraciones de sus compañeros de lucha y una propia en la que
coloca al biografiado en la perspectiva de su legado, sin escamotear
aristas contradictorias y ofreciendo, de paso, datos enriquecedores,
quizás el más sorprendente aquel que revela por primera vez el
contexto en que Fidel calificó a Faustino como "la conducta de la
Revolución".
De los juicios recogidos por Suárez, solo citaré dos. Uno, del
Che Guevara, que como todos los que conocen la historia del periodo
insurreccional, fue sumamente crítico en aquel momento con el
biografiado: "Faustino siempre fue considerado un compañero honesto
y arriesgado al extremo (... ) de su calidad revolucionaria da
cuenta toda su trayectoria". Otro, de Raúl, quien en su diario de
campaña escribió: "... es magnífico para estos ajetreos de
guerrillas". Y añadió: "Además, su presencia purifica cualquier
ambiente".
Ensayos biográficos como el de Suárez se nos hacen
imprescindibles en este y los tiempos por venir, en tanto responden
a la necesidad de abordar figuras, episodios y etapas de una
historia que debe formar parte del acervo de las generaciones
emergentes en las últimas cuatro décadas del siglo pasado y de las
que constituirán el relevo revolucionario.