Si
la producción historiográfica cubana actual, en evidente auge por la
multiplicación y el calado de sus obras, destaca por sus
contribuciones a la memoria y la identidad y por ofrecer respuestas
que apuntan hacia lo que somos y queremos ser, debe valorarse el
papel de los maestros, aquellos que de diverso modo y en otras
épocas, mostraron caminos inéditos y dieron lecciones de rigor,
compromiso y pasión.
Uno de esos pilares fue Julio Le Riverend, de quien conmemoramos
este 22 de diciembre el centenario de su nacimiento, que por cierto,
aconteció accidentalmente en La Coruña, Galicia, donde su padre se
desempeñaba como cónsul de Cuba.
En los años sesenta una obra suya, Historia económica de Cuba,
se convirtió en uno de los principales puntos de referencia para la
comprensión de la historia de la nación desde la perspectiva
marxista. Junto a Azúcar y abolición, de Raúl Cepero Bonilla,
y El ingenio, de Manuel Moreno Fraginals, cuyo primer tomo
apareció en esa década, el texto cimentó las bases de un modo de
entender las esencias de nuestro devenir histórico a partir de la
caña de azúcar.
Ya en esos años Le Riverend era una figura notable en la vida
intelectual cubana. Desde muy joven asumió ideas revolucionarias.
Luchó contra la tiranía machadista y luego, ante la embestida del
batistato y su oposición al régimen, tuvo que marchar nuevamente al
exilio.
Con el triunfo de la Revolución fue vasto su accionar: director
del Archivo Nacional, viceministro de Educación, director del
Instituto de Historia, embajador ante la Unesco, vicepresidente de
la Academia de Ciencias y presidente de la Unión Nacional de
Historiadores. Desarrolló una labor docente en universidades y
asesoró organismos.
Su formación académica había transcurrido entre la Universidad de
La Habana y el Colegio de México. Y desde muy temprano divulgó los
resultados de sus indagaciones en la prensa periódica. El Estado
cubano reconoció sus méritos con las órdenes Félix Varela, Juan
Marinello y Carlos J. Finlay.
El interés de Le Riverend por la relación entre historia,
economía y lucha de clases comenzó desde los años cuarenta, cuando
publicó en México el ensayo Los orígenes de la economía cubana
(1519-1600).
A su Historia económica de Cuba sucedió un decenio después
otro libro iluminador, La República: dependencia y Revolución.
La historiadora Mildred de la Torre, al evaluar el legado de Le
Riverend, expresó: Su extraordinaria obra, no solo prolífera, sino
también reveladora de procesos y aconteceres, lo ubica como
constructor y no sistematizador de conocimientos. Así lo evidencian
sus estudios sobre la propiedad agraria, las relaciones comerciales,
el desarrollo progresivo de las clases y sectores sociales, los
movimientos ideológicos, el desenvolvimiento de las conductas
políticas, la historia de las ideas y el quehacer protagónico de las
masas populares en los procesos históricos".