Lecciones de Le Riverend

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Si la producción historiográfica cubana actual, en evidente auge por la multiplicación y el calado de sus obras, destaca por sus contribuciones a la memoria y la identidad y por ofrecer respuestas que apuntan hacia lo que somos y queremos ser, debe valorarse el papel de los maestros, aquellos que de diverso modo y en otras épocas, mostraron caminos inéditos y dieron lecciones de rigor, compromiso y pasión.

Uno de esos pilares fue Julio Le Riverend, de quien conmemoramos este 22 de diciembre el centenario de su nacimiento, que por cierto, aconteció accidentalmente en La Coruña, Galicia, donde su padre se desempeñaba como cónsul de Cuba.

En los años sesenta una obra suya, Historia económica de Cuba, se convirtió en uno de los principales puntos de referencia para la comprensión de la historia de la nación desde la perspectiva marxista. Junto a Azúcar y abolición, de Raúl Cepero Bonilla, y El ingenio, de Manuel Moreno Fraginals, cuyo primer tomo apareció en esa década, el texto cimentó las bases de un modo de entender las esencias de nuestro devenir histórico a partir de la caña de azúcar.

Ya en esos años Le Riverend era una figura notable en la vida intelectual cubana. Desde muy joven asumió ideas revolucionarias. Luchó contra la tiranía machadista y luego, ante la embestida del batistato y su oposición al régimen, tuvo que marchar nuevamente al exilio.

Con el triunfo de la Revolución fue vasto su accionar: director del Archivo Nacional, viceministro de Educación, director del Instituto de Historia, embajador ante la Unesco, vicepresidente de la Academia de Ciencias y presidente de la Unión Nacional de Historiadores. Desarrolló una labor docente en universidades y asesoró organismos.

Su formación académica había transcurrido entre la Universidad de La Habana y el Colegio de México. Y desde muy temprano divulgó los resultados de sus indagaciones en la prensa periódica. El Estado cubano reconoció sus méritos con las órdenes Félix Varela, Juan Marinello y Carlos J. Finlay.

El interés de Le Riverend por la relación entre historia, economía y lucha de clases comenzó desde los años cuarenta, cuando publicó en México el ensayo Los orígenes de la economía cubana (1519-1600).

A su Historia económica de Cuba sucedió un decenio después otro libro iluminador, La República: dependencia y Revolución.

La historiadora Mildred de la Torre, al evaluar el legado de Le Riverend, expresó: Su extraordinaria obra, no solo prolífera, sino también reveladora de procesos y aconteceres, lo ubica como constructor y no sistematizador de conocimientos. Así lo evidencian sus estudios sobre la propiedad agraria, las relaciones comerciales, el desarrollo progresivo de las clases y sectores sociales, los movimientos ideológicos, el desenvolvimiento de las conductas políticas, la historia de las ideas y el quehacer protagónico de las masas populares en los procesos históricos".

 

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