DELICIAS, Puerto Padre.— Cuando amigos, vecinos y electores en
general de la circunscripción 67, en este poblado azucarero,
propusieron a Eugenio Evaristo Marrero Garrido para que los
representara desde las posiciones y funciones del Gobierno en la
base, "el viejo" pudo haber expuesto lógicas razones y delegar tanto
honor en otras personas, también con méritos, allí mismo.
Su sencillez natural y el apego a la vida cotidiana, sin embargo,
no le permitieron esquivar el justo y libre parecer de la
comunidad... y aceptó.
¿Resultado?: 236 votos a su favor de los 272 posibles, lo
convirtieron recientemente en uno de los trabajadores por cuenta
propia devenidos delegados en medio del actual proceso de elecciones
en Cuba.
"Luego de haber laborado en mi juventud como repartidor de leche
—explica— operador de equipos pesados y obrero del entonces
Instituto Cubano del Petróleo (ICP), me jubilé hace un tiempo.
Después me acogí al trabajo por cuenta propia, como mensajero o
vendedor de panes a domicilio".
Cualquier persona puede suponer por qué motivos Marrero "volvió a
la carga": inadaptación a una calma que nunca conoció, añoranza por
la actividad física, necesidad de reforzar el alcance adquisitivo de
la chequera, inclinación por el contacto con gente de pueblo...
Precisamente ese último argumento es determinante hoy en la
seguridad con que vislumbra su debut y desempeño en los nada fáciles
trajines del delegado de base.
"Yo trabajo todos los días, camino alrededor de 12 kilómetros,
converso con infinidad de familias, la gente agradece lo que hago,
no maltrato a nadie, más bien les resuelvo un problema porque mis
clientes viven lejos de la panadería. Estoy seguro de que todo eso
me ayudará también a conocer lo que sucede, a intercambiar con mis
electores y a representarlos mejor. Voluntad tengo para escucharlos
y atenderlos, en medio de mis quehaceres diarios, en despachos o
donde sea".
Tal vez, al salir temprano de su hogar rumbo a la sesión
constitutiva de la Asamblea Municipal del Poder Popular en Puerto
Padre, los amigos de Marrero no lo vieron ajustarse el oscuro y
elegante saco. Quizás tampoco lo vieron retornar, con su humildad de
siempre, portando a la izquierda del pecho el sello que identifica a
quienes representan a la población en sus niveles más cercanos y
operativos; pero lo que sí asegura este hombre es que continuará
siendo el mismo de siempre, cuando salga a repartir panes y a
protagonizar acciones de bien, entre quienes no se equivocaron al
marcar, en la boleta, una cruz al lado de su nombre.