Con
una ceremonia religiosa dirigida por sacerdotes mayas, guatemaltecos
y numerosos extranjeros vestidos de blanco recibieron la nueva era,
que siguió al 13 B aqtun, en el sitio arqueológico de Tikal.
El "fuego nuevo" brotó en el altar y se alzó hacia la elevada
estructura del Gran Jaguar, el mayor templo del sitio arqueológico
de Tikal, ubicado en plena zona selvática del norteño departamento
de Petén, a 530 kilómetros de la capital guatemalteca.
Como parte del ritual que se cumplió al pie de la imponente
pirámide, los viejos sacerdotes que dirigieron la ceremonia lanzaron
al altar trece resinas de árboles, además de hojas, flores, tabaco,
azúcar, chocolate, guaro (alcohol), y quemaron incienso, copal y
ocote.
El acto de "honda espiritualidad" maya fue seguido por el
presidente anfitrión, Otto Pérez Molina, y la presidenta de Costa
Rica, Laura Chinchilla, quien fue invitada especial junto con el
secretario general de la Organización Mundial del Turismo, Taleb
Rifal.
Los mandatarios madrugaron para presenciar la ceremonia del
amanecer de la nueva era, luego de que estuvieron hasta los primeros
instantes del 21 de diciembre en la actividad por la finalización
del 13 B aqtun.
La ceremonia solemne se convirtió en el principal acto simbólico
por la llegada de la nueva era en Tikal, que fue el corazón de la
milenaria cultura maya y que en esta ocasión especial se vio
desbordada de visitantes.
Grupos numerosos de indígenas que reclamaron su derecho a visitar
los lugares sagrados de sus ancestros y turistas nacionales y
extranjeros llenaron la plaza del Gran Jaguar como no había ocurrido
en mucho tiempo.
El director del Instituto Guatemalteco de Turismo, Pedro Duchez,
indicó que se tuvo control del acceso al sitio arqueológico para no
poner en riesgo el entorno natural y el patrimonio cultural, sin
embargo se estima que ingresaron al menos seis mil personas.
Cientos de visitantes acamparon al pie de las pirámides y
durmieron en improvisadas casas de campaña, en espera de la llegada
del nuevo amanecer y de las ceremonias religiosas que se realizaron
a partir de las 05:00 horas locales (11:00 GMT).
Minutos antes de las 06:00 horas locales, los presidentes y la
mayoría del público se trasladaron al Templo IV, que escalaron para
observar desde las alturas como aparecía el sol del nuevo día y de
la nueva era que comenzó un ciclo de más de 20 mil años de acuerdo
con el calendario maya.
El presidente guatemalteco, un general retirado de 62 años de
edad, y la presidenta de Costa Rica tuvieron los arrestos para subir
las decenas de escalones y ubicarse en lo más alto del Templo IV
para contemplar el nuevo amanecer.
El propósito de contemplar el esplendor del sol en el cambio de
era se frustró debido a un tiempo de bruma que impidió la llegada de
una mañana soleada, entre la decepción de muchos.
Los turistas nacionales y extranjeros de todas maneras
aprovecharon para recorrer el mitológico lugar, Patrimonio Cultural
y Natural de la Humanidad y que forma la reserva de la Biósfera
Maya, uno de los principales pulmones de la región.