A quien llega por aquel sitio conocido como Limoncito, explica
que recuperaron 330 hectáreas de plantaciones de plátano, es decir,
el 70 % de las que tenían en explotación, principalmente con la
variedad burro censa, antes del golpe del meteoro.
"Fue inevitable demoler 140 hectáreas, pero enseguida alistamos
un centenar de ellas para sembrar boniato, lo cual estamos
haciendo", señala, conocedor de cada detalle de lo que ocurre en los
campos.
En su opinión, lo más impresionante estuvo en la precisión y
celeridad con que ejecutaron la recuperación de las áreas con la
llamada técnica de "conducción del plátano", que plantea valorar
detenidamente los plantones uno a uno, para eliminar las matas
dañadas y dejar los hijos capaces de producir en el menor tiempo
posible.
"De demoler la totalidad de los platanales, con el fin de
sembrarlos a continuación, tendríamos que esperar un año para la
entrada en producción. Sin embargo, será posible cosechar en junio
del 2013. Así ganamos varios meses.
"También representa la reposición lo más acelerado posible de las
pérdidas que nos dejó el ciclón, superiores a los tres millones de
pesos. Los vientos nos destruyeron unas 3 400 toneladas de la
producción en proceso para el año próximo".
A Maidelis Tamayo, joven jefa de área, asombra el ritmo de
trabajo mantenido durante el último mes y medio. "A los doce días de
los estragos dejados por Sandy terminamos el primer pase de la
conducción de los platanales. De los especialistas en agronomía y de
los trabajadores con largos años de experiencia aprendí a salvar los
plantones. Me resultó muy interesante la selección de los hijos y la
forma de nutrirlos con los tallos de las plantas madres que hubo que
cortar por estar dañadas".
Más de 13 años en estos campos, lo que significa haber
participado en los procesos de recuperación tras el paso de los
huracanes George e Ike, le otorgan autoridad al obrero agrícola
Félix Pérez para asegurar que esta vez han avanzado con mayor prisa
que las anteriores por la madurez del colectivo y la organización de
las acciones.
"Primero cosechamos todo lo que se pudo recuperar para consumo
humano y animal. Luego ‘le caímos en masa’ a los platanales para que
vuelvan a demostrar su capacidad productiva. Yo estoy vinculado a
3,4 hectáreas y quiero que estén otra vez entre las mejores. El
trabajo será duro, pero no le tengo miedo. Aquí se paga por los
resultados y he tenido meses de más de dos mil pesos".
La granja ha creado condiciones para el avance continuo a pesar
de contratiempos como el reciente huracán, asegura Arbelio Batista.
"Los ciclos de cosecha se desarrollan de acuerdo con las normas
agrotécnicas. Contamos con suficiente materia orgánica, porque
empleamos estiércol obtenido en las unidades pecuarias de la zona,
cumplimos rigurosamente el programa de reposición de cepas, no nos
faltan las semillas de calidad y preparamos la tierra a tiempo".
En el arsenal de medios de trabajo también tienen 40 yuntas de
bueyes con los correspondientes implementos agrícolas, entre ellos
las cultivadoras de tres órganos, que llevan el peso en la limpieza
de las largas calles de los platanales. Los productos químicos que
combaten las malas hierbas se reservan para los periodos de lluvia,
cuando el fango hace imposible la limpia con azadón.
"El combustible de la maquinaria usada en la preparación de
tierras, los fertilizantes, las piezas de repuesto y los recursos en
general están bajo permanente control y se exige su uso racional. La
vida nos dice que no le podemos quitar el ojo un segundo", refiere
Batista.
Mientras inspecciona las labores de la mañana en uno de los
campos, da por sentado que ninguna adversidad quebrará el prestigio
de buenos productores, conquistado con esfuerzos y resultados.
"Queremos mantenernos como uno de los sistemáticos abastecedores de
la capital provincial, a la cual antes del huracán le estábamos
entregando cada mes unas 190 toneladas de plátano".