Soluciones a punta de balas

Mientras los estadounidenses guardan luto oficial por la matanza en una escuela primaria de Connecticut, continúan los debates entre las autoridades sobre cómo evitar tragedias de ese tipo.

El asesinato de 28 personas, incluidos 20 niños, pone además otra pregunta sobre la mesa: ¿son seguros los colegios en Estados Unidos? ¿Cómo proteger a los alumnos?

Hay opiniones encontradas al respecto, desde quienes abogan por mayor atención psicológica en las aulas hasta quienes defienden que los profesores deberían ir armados a clase.

La última opción —que ya es una realidad en algunos colegios de Texas— fue recuperada este lunes por varios congresistas.

El representante estatal de Oregón (republicano) Dennis Richardson, dijo durante una entrevista con CNN: "si yo hubiese sido maestro en el colegio de Newtown y el distrito no me hubiese prohibido llevar armas a clase, la mayoría de los niños seguirían vivos y el tirador estaría muerto, pero no por haberse suicidado".

Por su parte, el diputado republicano Louis Gohmert fue más descarnado: "Hubiese pedido a Dios que la directora tuviese un arma de asalto en la oficina" y que ella no hubiese muerto. Así podría haber "eliminado" al autor de los disparos, "le podría haber volado la cabeza antes de que matase a niños inocentes".

¿Por qué no se le ocurre decir que sería mejor si nadie tuviera acceso a armas de fuego? Parecería que esa idea es impensable para los norteamericanos. De hecho, luego de la matanza, se disparó la venta de armas en Connecticut.

"No podemos tolerarlo más", dijo el presidente Barack Obama el domingo en la vigilia por las víctimas. "Estas tragedias deben terminar. Y para que terminen tenemos que cambiar", afirmó, aunque no propuso ninguna solución concreta.

Una petición a favor del control de armas, colgada en la página web de la Casa Blanca, ya lleva más de 150 mil firmas desde el viernes pasado.

Es poco probable que Estados Unidos modifique la Segunda Enmienda de la Constitución, que respalda el derecho de los ciudadanos a portar armas de fuego.

Lo que sí está claro —aunque no para quienes piensan como Richardson o Gohmert— es que armar a los maestros, lejos de solucionar el problema, lo multiplicaría. No es a punta de balas como se combate a la violencia. (Dalia González Delgado)

 

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