Los países industrializados frenan las negociaciones en Doha por
la negativa a cumplir sus compromisos financieros para ayudar a los
países del sur a adaptarse al cambio climático.
Los
países árabes y de Africa del Norte
cuentan con la menor cantidad de agua dulce del mundo, y verán
mermada aún más sus suministros que se reducirán en 10 por ciento
para el 2050.
A dos días de clausura de la XVIII Conferencia de las Partes de
la Convención Marco (COP 18) de las Naciones Unidas sobre Cambio
Climático, el camino para llegar a un acuerdo legalmente vinculante
parece imposible, al menos en Doha.
Las naciones industrializadas solicitan 60 mil millones de
dólares hasta 2015 para asegurar una transición entre una ayuda
urgente acordada en la COP de Copenhague en 2009.
De esa cifra 30 mil millones debían ser entregados en el período
2010-2012 y para el 2020 deben encontrarse en el Fondo Verde para el
Clima, 100 mil millones para el 2020.
El negociador europeo, Pete Betts, dijo que en Europa los tiempos
son duros para las finanzas y que no se podían comprometer para el
2015.
Por su parte, el negociador de Estados Unidos, Jonathan Pershing,
fue mucho más tajante: "Si la cuestión es saber si habrá anuncios
aquí sobre nuevas promesas, no es la cuestión adecuada".
Estados Unidos, que emite más del 20 por ciento de los gases de
efecto invernadero, nunca ha ratificado el Protocolo de Kyoto.
Las naciones subdesarrolladas, más afectadas por los efectos
devastadores del cambio climático y sin responsabilidad histórica en
la ocurrencia de ese fenómeno, solicitan esa ayuda financiera de
manera urgente.
"Queremos ver el dinero encima de la mesa antes de irnos", dijo
el negociador de Gambia, Ousman Jarju, quien representa a los países
pobres.
Los efectos del cambio climático se hacen sentir más que las
negociaciones y afectan a los países árabes como Catar y a los de
Africa del Norte.
Según un informe del Banco Mundial difundido en Doha, las
temperaturas promedio en esas regiones se incrementarán en tres por
ciento para el 2050.
Esa región que cuenta con la menor cantidad de agua dulce del
mundo verá mermada aún más sus suministros que se reducirán en 10
por ciento para el 2050 y la demanda de agua potable se incrementará
en un 60 por ciento.