EL
CAIRO.— Egipto está envuelto hoy en un alud de versiones
contradictorias sobre la crisis institucional de casi dos semanas,
la cual alcanzó niveles más altos la víspera con las protestas
opositoras ante el Palacio Presidencial y otras ciudades del país.
A pesar de que el presidente egipcio, Mohamed Morsi, mantiene su
declaración Constitucional que le confiere poderes omnímodos, el
presidente de la Asamblea Constituyente (AC), Hossam al Gheriany,
dijo en una reunión con el Consejo Nacional de Derechos Humanos que
el mandatario "podría suspender los artículos dos y seis de el
texto", los más controversiales, según trascendidos a la prensa.
El punto dos establece que las declaraciones constitucionales,
leyes y decretos emitidos por Morsi tras su ascenso a la presidencia
el pasado 30 de junio quedan invalidados hasta la proclamación de la
nueva Constitución.
En el seis, el mandatario asume facultades para "adoptar las
medidas que considere necesarias para proteger el país y las metas
de la revolución", entendiendo como tal las protestas que obligaron
a renunciar a principios del año pasado al expresidente Hosni
Mubarak.
Más aún, una publicación turca cita declaraciones del
vicepresidente Mahmoud Mekki, según las cuales piensa emitir la
declaración inactiva, lo que cumpliría una de las demandas de los
opositores; la otra es emprender la redacción de una nueva carta
magna.
Pero todo son versiones, carentes de respaldo de fuentes
oficiales, la principal de las cuales, el portavoz presidencial
Yasser Alí se limitó a aclarar que el mandatario mantiene sus planes
de cumplir invitaciones oficiales a Túnez, el próximo día 17 y,
desde allí, viajar a Estados Unidos.
En tanto, el choque de voluntades sigue planteado entre los
partidos laicos e izquierdistas de una parte, y de la otra, las
mayoritarias fuerzas de la Hermandad Musulmana (HM, islamistas) y
los salafistas que el sábado pasado inundaron la céntrica Plaza
Ennahda capitalina para mostrar su respaldo al primer magistrado.
En ese sentido está claro que el Gobierno cuenta con las
condiciones necesarias para realizar el referendo constitucional
anunciado para el próximo día 15, paso previo a la proclamación de
la carta magna y la celebración de los comicios parlamentarios, de
los cuales es más que probable que surja una mayoría de diputados de
la HM.
Sin embargo, hay crecientes presiones de magistrados y de la
prensa, los primeros en huelga, los segundos con un paro limitado,
las cuales han sido desestimadas por las autoridades, que las
calificaron de derechos a protestar, que respetan.
Así, lo único cierto en el confuso panorama político egipcio es
el abismo que separa a laicos e islamistas sobre el texto
fundamental que regirá los destinos egipcios en el futuro inmediato
y, peor aún, que satisfacerlos a ambos es imposible, menos aún en el
contexto de una pugna que adquiere matices político-confesionales.