Desde Haití

Puerto Príncipe: una ciudad sin respuestas

Leandro Maceo Leyva, enviado especial

No las busques que no están. Las respuestas se han marchado de Puerto Príncipe. Nadie sabe adónde, ni por qué, pero se fueron.

FOTO Del autor Puerto Príncipe es una ciudad de contrastes, donde la pobreza convive con la opulencia.

Una tenaz historia de sueños postergados guía la experiencia compartida de propósitos, esperanza y resistencia del pueblo haitiano.

¿Cómo es posible? ¿De cuánta voluntad habría que disponer? ¿No es cierto? Te preguntas una y otra vez, mientras un desolador impacto visual te responde en silencio, como quien otorga la razón.

Recorres las agitadas calles de la capital haitiana y experimentas una sensación única, que de golpe resulta inexplicable, pero que con certeza se mueve entre la nostalgia y el anhelo. Nostalgia porque el presente fuese otro, y anhelo por poder dejar una estela de esperanza en tu paso por esta adolorida tierra.

El asombro recibe como todo digno anfitrión al recién llegado. Supongo que es lo normal ante cualquier descubrimiento, solo que aquí se experimenta de manera especial.

La incertidumbre se apodera de tus pensamientos ante la extraordinaria capacidad de los nativos, quienes como pocos en el mundo se sobreponen a una vida fortuita basada para muchos en la suerte de vender alguna que otra mercancía por unos pocos gourdes.

El contraste también te da la bienvenida. La ciudad es frecuentemente transitada por modernos y enormes carros, y custodiada desde lo alto por distintivos y lujosos edificios, los cuales no consiguen minimizar la realidad que reflejan los rostros de hombres, mujeres, niños y ancianos que esperan porque la dicha se pose a sus pies, mientras sus cuerpos guardan señales de dolor y resistencia.

Y en un ciclo sin fin, como la vida misma, vuelan las interrogantes; quizás solo la exacta oportunidad de estar aquí me permita comprender lo que ocurre. Hasta entonces solo queda esperar porque el indetenible paso del tiempo, junto a la grandeza del hombre en querer mejorar lo que es, y de la que nos advirtió Alejo Carpentier, sostengan en pie la fe en un nuevo comienzo.

 

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