Hubo incluso después, según ha investigado el historiador y
crítico Luciano Castillo, una propuesta para que el realizador de
Crónica de un amor filmara en la Isla el argumento de una
versión criolla de Romeo y Julieta, que llevaría por título
Cheíto y Matilde, a partir de un esbozo de G. Caín y Rine
Leal. Pero según Castillo, Antonioni se hallaba inmerso no solo en
los avatares de La aventura, sino también proyectaba
completar un ciclo de películas que marcarían definitivamente su
estilo: La noche (1961), El eclipse (1962) y
Desierto rojo (1964).
De todos modos su influencia se hizo sentir en la formación
intelectual de los cineastas que refundaban revolucionariamente la
pantalla cubana y, de manera muy especial, dejó una huella en los
espectadores que en los años sesenta aprendieron que el séptimo arte
era mucho más que un pasatiempo.
Al cumplirse el centenario de su nacimiento (Ferrara, 1912),
Antonioni será una de las figuras homenajeadas por el 34 Festival
del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.
Pero la evocación de su legado comenzó antes en la capital
cubana, justo en la etapa final de la XV Semana de la Cultura
Italiana. La Asociación Recreativa Cultural Italiana (ARCI), el
ICAIC y la embajada de Roma en La Habana organizaron un ciclo de
eventos que incluyó una mesa redonda en la que junto a Guevara y
Castillo intervinieron Daniela Aronica, una de las más acuciosas
estudiosas de la obra del realizador, y Enrica Fico Antonioni, quien
fue su compañera sentimental y de trabajo desde 1972 hasta su deceso
el 30 de julio del 2007 —fecha en la que también falleció el sueco
Ingmar Bergman.
Giuliano Rossi, directivo de la ARCI, consiguió no solo que Fico
y Aronica viajaran a la Isla —una para proyectar su extraordinaria
cinta testimonial Hacer un filme es para mí vivir, y otra
para dictar una conferencia sobre la documentalística en la obra del
maestro—, sino además comprometió al artista Renato Zacchia a que
presentara por primera vez la colección de imágenes que tomó en
Sicilia cuando fue llamado por Antonioni para fungir como fotógrafo
de escena, exposición que ocupa la galería del Centro Cultural Fresa
y Chocolate, en la calle 23.
Para Enrica, "Antonioni lograba atravesar todos los estratos de
la realidad que veía, y esto creo que fue la enseñanza más grande
que nos dejó, no solo como cineasta, sino como ser humano".
Se proyectarán, para ahondar en su obra, los largometrajes de
ficción Crónica de un amor (1960), con una estupenda
actuación de Lucía Bosé; La señora sin camelia (1953); Las
amigas (1955), basada en un relato de Cesare Pavese; y La
aventura (1960), Premio del Jurado del Festival de Cannes.
Además, el documental Regreso a Lisca Blanca (1983), en el
que retornó a los lugares donde filmó La aventura.