Los espectadores se encienden cada vez más. Aplauden. Gritan.
Reclaman. Entre ellos muchos mexicanos. De Michoacán, Tijuana y el
Distrito Federal. Pero la mayoría son cubanos que llegaron al teatro
desde bien temprano. Todos esperan a la protagonista del concierto,
enmarcado en la Jornada Mundial de la Eliminación de la Violencia
contra las mujeres y las niñas. Entonces, sin anunciarse, sale
Julieta Venegas a escena. Muy pocos la descubren al primer intento.
Lógico. Aterrizó casi en penumbras. Sin protagonismos. Sin hacer
alarde de su condición de estrella. Parece, más bien, otra
integrante de su banda. Con un colorido vestido azul, coloca sus
manos al piano para comenzar a correr esa aventura maravillosa,
lúdica y festiva, que significó su regreso a la Isla tras casi diez
años de ausencia.
La cantante, pianista, compositora e intérprete, acumula varios
premios Grammys y está considerada como una figura cimera del pop
rock latino. Sin embargo, aún conserva ciertos rasgos de la
personalidad que la acompaña desde que comenzó a darle cuerpo a sus
fantasmas a través de la música. Precisamente esa sutil apariencia
de chica frágil es uno de esos rasgos que te dejan rendido a sus
pies. Con todo, la "Tori Amos" mexicana conquistó al público a la
primera: "Hola, mis queridos cubanos", lanzó y todos cayeron bajo su
dulce encanto.
Su show respetó aquella idea que aún es posible enamorarse,
recuperarse de los amores rotos y soñar despierto. En su voz, ora
dulce, ora intensa, planea el mejor estilo de las exponentes
femeninas de la música latinoamericana, la filosofía del rock
alternativo, y la convicción con que el pueblo mexicano ha
construido la fortaleza de su milenaria cultura. Sus canciones son
de una supuesta inge nuidad. Se mueven entre alegres y festivas.
Como un espectáculo de variétes. O como una de esas obras de arte
pop que encandilan de colores la vista. Pero su sencillez es solo
aparente, sobre todo cuando enseña a la Julieta más temperamental,
esa que analiza las conductas del ser humano e impulsa a las mujeres
a romper todo tipo de ataduras, lo que ha constituido una constante
en su carrera desde el principio. La muchacha del acordeón no tuvo
problemas para conectar con el público. Ni hizo falta que
interpretara clásicos suyos como Eres para mí, Canciones
de amor o Limón y Sal, para que el teatro vibrara sin
reposo hasta el final de la noche, en la que hizo gala de un
perfecto equilibrio entre la canción de autor y el pop, una etiqueta
que desde siempre le ha endilgado la crítica. No obstante, Julieta
no pierde oportunidad para desprenderse de dicho rótulo. "Yo no me
considero una artista de pop, aunque tengo mis cruces con el pop y
el rock. Se ha manejado que el pop se liga con la mujer sexi y es
cierto que hay muchas chavas que se ponen como supersexis, porque
creen que eso es parte de ser una artista. Pero lo que hay que
perseguir en la música es tu identidad, tu camino", dijo a este
redactor pocos minutos después de finalizar el concierto, en el que
hizo apreciar la felicidad del amor, de lo efímero y de las pequeñas
cosas. Algo que, sin duda, siempre se agradece. Sobre todo en estos
días en que el mundo anda de cabeza.