El
necesario reacomodo ante las urgencias planteadas por el cambio
climático, entre las que destaca el agotamiento progresivo de bienes
tan preciados como el agua, reunió a varios expertos
centroamericanos en Nicaragua.
Los asistentes al Foro Internacional: Agua en Centroamérica,
realizado el 30 de noviembre, convinieron en que esa problemática
reforzará los conflictos transfronterizos en la región y que su
solución debe ser asumida de forma coordinada por los gobiernos.
Centroamérica abarca apenas 522 mil 760 kilómetros cuadrados de
extensión, pese a lo cual confluyen en ella seis estados y una
historia pródiga en controversias políticas y por cuestiones
ambientales.
Sólo en 2004, el Tribunal Latinoamericano del Agua (TLA) analizó
nueve diferendos relacionados con el recurso hídrico originados en
cada uno de los países que forman parte de la zona central del
continente.
Entre las denuncias procesadas ese año destacaron las elevadas
contra la desatención estatal a la plaga hydrilla verticillata en el
guatemalteco lago de Izabal, y por los efectos de la contaminación
debido a derrame de cianuro en el río Lara, en el municipio de La
Unión, departamento de Copán.
Estos y otros casos analizados demostraron la desidia general
frente a las amenazas a la integridad del ecosistema
centroamericano, casi siempre causadas por las grandes
transnacionales, muchas veces con la complicidad de gobiernos
locales.
Políticas económicas destinadas a generar pingües ganancias en
corto plazo constituyen el sustrato de gran parte de los conflictos
internos y entre países en los últimos lustros, algunos de los
cuales pueden agravarse, en un escenario signado por la
criminalización de la protesta social.
Pero la marea es indetenible: el silencio dejó de ser opción ante
el desplazamiento forzado de los indígenas, las matanzas de
campesinos, y otros males derivados del impulso a los
agrocombustibles, el uso recurrente de agrotóxicos, de proyectos
arrasadores en la minería o de hidroeléctricas.
Esas acciones están reduciendo la disponibilidad de agua en
Centroamérica, favorecida por la Madre Naturaleza con 23 cuencas
principales o de primer orden, entre aguas saladas y dulces, según
la Unidad de Fronteras Centroamericanas de la Universidad de Costa
Rica.
Esa institución precisó que el país con más reservas compartidas
es Guatemala, con 13, tres de ellas con México, cinco con Belice,
dos con Honduras, una con El Salvador, una con Honduras y El
Salvador, y otra con México y Belice.
Nicaragua posee los principales acuíferos de la zona y por ende,
mayor capacidad para resolver los problemas de acceso al agua en el
país y en sus vecinos, precisó en la cita el vicepresidente del
Centro Humboldt, Víctor Campos.
Este territorio cuenta con 10 mil 33 kilómetros cuadrados de
lagos y lagunas, 175 subcuencas, 21 cuencas hidrográficas, nueve
humedales Ramsar, y recibe el beneficio de dos océanos, el Pacífico
y el Atlántico.
No obstante, alertaron los especialistas desde 2011, la
disponibilidad de agua potable es baja y media en 96 de sus 153
municipios.
Hacia 2050 estos pueden llegar a 118, por el previsible ascenso
de las temperaturas en 1.6 grados centígrados y la casi segura
reducción de las lluvias en 16.8 por ciento, añadieron.
Tales estadísticas, unido al hecho de que Centroamérica es una de
las regiones más vulnerables ante los efectos del cambio climático,
justifican la preocupación de los asistentes al foro efectuado en
Managua.
Para ellos, el agotamiento progresivo del agua reforzará las
tensiones en la zona, en particular cerca de sus 17 reservas
transfronterizas.
Estas abarcan 36,9 por ciento de la región y en los últimos años
devinieron centro de conflictos que alentaron la acción conjunta de
las fuerzas críticas del estatus quo y obligaron al acercamiento
entre gobiernos.
El Golfo de Fonseca, compartido por El Salvador, Honduras y
Nicaragua, es uno de esos puntos claves donde quedan cuestiones por
resolver para el bien común de quienes pueblan esa área y la de
Centroamérica en general.
Todo esto obliga a reflexionar, pero aún más a concretar, buenas
prácticas ambientales y a buscar acuerdos para el manejo sostenible
en las zonas fronterizas.