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Producción Arrocera en el sur del Jíbaro, Sancti
Spíritus La escuela vietnamita en
el polígono de Mapos
Asesores del país asiático concuerdan en las
bondades naturales del archipiélago para multiplicar la producción
del alimento, pero alertan sobre lo necesario de ganar cultura,
cambiar estereotipos y enfrentar con firmeza el voluntarismo
Juan Antonio Borrego
Desde hace algo más de un año, la Casa del Azucarero del antiguo
Central Natividad, al sur de esta provincia, mutó su nombre por una
denominación que en medio del archipiélago cubano podría sugerir una
perplejidad lingüística: "Casa del vietnamita".
Los
asesores vietnamitas reconocen el potencial del país y en particular
de la región para el cultivo del arroz.
El edificio no ha transfigurado su arquitectura, pero ha
comenzado a incorporar aceleradamente la tradición asiática en sus
predios, luego de que un grupo de expertos del Ministerio de la
Agricultura de aquel país hiciera sus bártulos en Indochina y
levantara campamento a orillas del Zaza en virtud de un proyecto de
colaboración que pretende abonar la producción arrocera de la zona,
específicamente de la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC)
Mapos, del Complejo Agroindustrial (CAI) Sur del Jíbaro, con la
experiencia vietnamita de unos cuatro milenios en este giro.
Aplatanados como un lugareño más, los técnicos, Houng Tran Xuan y
Hung Nguyen, y el traductor, Tuan Ngo Ngoc (Abel) no ocultan su
deslumbramiento por la naturaleza y las bondades meteorológicas de
la zona. "Aquí los árboles siempre están verdes, los terrenos ni
soñar, y este año ha llovido tanto —dicen— que hemos tenido que
evacuarnos dos veces en 30 días".
LOS CLAROSCUROS DE MAPOS
Con 35 años como especialista en producción arrocera y estudios
realizados en países con amplia tradición en el cultivo como China,
India, Tailandia, Filipinas, Indonesia, Malasia, Japón y Estados
Unidos, Hung Nguyen no necesita haber pasado más de tres meses en la
zona para comprender los claroscuros de la producción en Mapos, la
UBPC de mejores resultados el pasado año en Sur del Jíbaro.
"Cuba tiene similar o incluso mayor potencial que algunos de
estos países —sostiene—, a diferencia de China o Estados Unidos,
donde en invierno las temperaturas bajan de cero, aquí no tenemos
tanto frío; según las investigaciones, el efecto de las plagas puede
ser controlado, existe regulación biológica, las aves ayudan a
controlar la palomilla, se le presta atención al picudo acuático;
además, aquí existen grandes campos con agua, sistemas de riego y de
terrazas".
Sin embargo, conviven males que a juicio del especialista deben
ser arrancados como la mala hierba: la desnivelación de los
terrenos, por ejemplo, en buena medida acentuada por el empleo
abusivo de una maquinaria de gran peso, que provoca encharcamiento e
inundaciones y contribuye a la aparición de malezas, las cuales
compiten con el arroz, conspiran contra la eficiencia de los
herbicidas y por tanto afectan los rendimientos agrícolas.
Sin pretender retrotraernos a la era de los braceros ni tampoco
transplantarnos al sistema parcelario que predomina en su país, Hung
Nguyen defiende el uso de determinada fuerza manual para evitar que
se enyerbe el campo cuando no resulta suficiente la acción de los
herbicidas. "Nosotros allá teníamos periodos en que movilizábamos
fuerza de trabajo, aquí las plantas maduran, florecen, semillan y se
reciclan de una cosecha a otra y se hace necesario el recurso humano
para no tener pérdida", afirma. Los nuevos modelos de gestión
permiten la contratación de esa mano de obra a la que se refiere el
asesor.
La necesidad de disponer de segadoras pequeñas o hasta de una
dotación de hoces para recolectar en aquellas zonas del campo donde
no puede llegar la gran cosechadora y, sobre todo, el deber de
impedir que se pierda arroz por excesiva maduración en las terrazas,
constituye para los vietnamitas un asunto de arraigo en su cultura,
que para nosotros es vital en el orden económico pues el grano que
no se recoge se deja en el campo, sobre todo después de la inversión
de cuantiosos recursos.
"Nosotros hablamos claro, asesoramos sin pena porque queremos
enseñar, advierte Houng Tran Xuan, quien fue combatiente de los
comandos especiales en la guerra contra Estados Unidos y ahora un
activo consejero agrícola, que desde hace unos 15 meses sube a
diario al lomo de su motocicleta en Natividad y se enfrenta a los
contrastes del extensionismo y la llamada producción tecnificada,
cuyas esencias no siempre se corresponden con la academia
vietnamita.
"Cuando damos una opinión se toma en cuenta, nos atienden, pero a
la hora de ejecutarla encontramos dificultades con la maquinaria,
con el combustible, con la toma de decisiones administrativas, si
tenemos arroz acamado no puede demorarse el CAI en reforzar ese lote
con más combinadas pues significa producción que se pierde", dice.
A juicio suyo el asunto también tiene vasos comunicantes con el
verdadero papel y la autonomía que le ha asignado la actualización
de nuestro modelo económico a la UBPC y al productor directo, con la
creciente participación de este en los resultados finales. Si actúan
como beneficiarios de la cosecha no deben contemplar la pérdida pues
va contra su esfuerzo y su dinero. Si espera que aparezca el Estado
y se recuesta a este, aquel se pierde al confundirse los roles con
el consecuente impacto en la economía del país. "No bastan las
reuniones en las oficinas, quienes tienen la responsabilidad de
controlar deben ir al campo, saber cuándo se está perdiendo el
arroz, tocar, oír y ver lo que ocurre en cada lote", recomienda.
UNA ASESORÍA RIGUROSA
Más que observador o contraparte, el Máster Pedro Meneses,
director de la Estación Territorial de Investigaciones de Granos,
radicada en este municipio, se considera un beneficiario directo del
Proyecto de Colaboración Viet Nam-Cuba, mecanismo que ha permitido a
la entidad que representa adquirir equipamiento y en correspondencia
con ello retomar el sendero de la producción de semilla de calidad,
rumbo al impostergable autoabastecimiento arrocero que tanto
necesita el país.
En virtud de los resultados del proyecto, el centro investigativo
viene sumándose con ímpetu a tres frentes fundamentales: el
establecimiento de una estrategia varietal más orgánica (hoy Sur del
Jíbaro siembra el 98 % de sus áreas con la llamada LP-5), la
producción de semilla de mayor calidad y la lucha contra el llamado
arroz rojo, una maleza muy difícil de controlar en este tipo de
cultivo por su similitud con la planta en desarrollo.
Para el ingeniero Carlos Marrero, coordinador del proyecto en
Sancti Spíritus (aunque abarca todas las provincias del país,
geográficamente Mapos constituye el área más representativa), los
resultados hasta ahora desbordan las expectativas iniciales: en la
UBPC se alcanzan rendimientos superiores en más de una tonelada a la
media del CAI y se superan los estándares establecidos para esta
etapa de la experiencia.
"Aquí los vietnamitas nos han enseñado a usar el fertilizante
nitrogenado (urea) desde los primeros estadíos de la planta,
nosotros teníamos nuestras reservas porque es verdad que así también
se alimenta la yerba, pero ellos defienden la idea de desarrollar
primero la planta, conseguir un hijo fértil y luego aplicar los
herbicidas", reconoce Marrero.
El incremento del potasio en la etapa terminal del cultivo con
vistas a reducir las enfermedades fungosas, la ayuda en la
conformación de los paquetes tecnológicos atendiendo a época de
siembra, variedad y características del clima y una encomiable labor
de extensionismo entre los productores campesinos de la zona se
cuentan también entre los aportes de la asesoría asiática, que ya en
algunos lotes consigue rendimientos de cinco toneladas por hectárea.
Según los especialistas, el próximo 2013 debe ser un año
promisorio para el proyecto (abarca desde el 2010 hasta el 2015),
con la incorporación de maquinaria especializada, medios de
transporte, el aseguramiento más estable de los insumos y la
consolidación de un asesoramiento que la parte cubana cataloga como
"riguroso y persistente" y que Pedro Meneses prefiere redefinir con
una imagen deportiva:
"No tenemos una base sólida ni una cultura acabada en el cultivo
del arroz —dice—, ellos llevan miles de años, nosotros, poco más de
medio siglo, hay que ir asimilando la técnica, esto es como las
escuelas de boxeo, donde todo el mundo cuenta con dos piernas y dos
manos para combatir, pero se entrena diferente". |