Yunidis Castillo

La hija del viento vuela con los pies en la tierra

HAROLD IGLESIAS MANRESA
harold@granma.cip.cu

Cuando asalta las pistas parece no tener imposibles, a su paso caen récords, sin importar la distancia en la que incursione. Inspira temor y respeto a sus rivales por su constancia y disciplina, sorprende a los especialistas, y lo que es mejor, siempre encuentra una sonrisa para aderezar las conversaciones. Se trata de Yunidis Castillo, a quien, parafraseando el sobrenombre del otrora estelar atleta estadounidense Carl Lewis, no dudé en bautizar como "la hija del viento".

Un nuevo ciclo comienza para Yunidis y ya fija en la cita del orbe de París, sus próximas metas competitivas.

Lo cierto es que cada vez que se acerca un nuevo reto Yunidis lo encara con total enfoque, hasta... conseguir volar sobre las pistas con los pies bien puestos en la tierra. El último de ellos y donde nuevamente hizo historia fueron los Juegos Paralímpicos de Londres. Tres oros con otras tantas primacías universales en la categoría T-46:

El hectómetro le deparó en la ronda preliminar la condición de convertirse en la segunda mujer discapacitada en rebajar los 12 segundos (11.95) algo conseguido antes por su coequipera Omara Durand, en Guadalajara 2011 (11.99). Luego dominó la final con 12.01. Precisamente en esas instancias estampó su firma en los 200 y 400 metros, con respectivos 24.45 y 55.72, elementos suficientes para optar por quinta ocasión por la condición de mejor atleta discapacitada del año en Cuba.

Sobre eso, su presente y futuros anhelos, accedió a platicar con Granma la santiaguera de 25 años de edad.

Un 2012 de ensueño, ¿todo según lo previsto?

Sí, a pesar de no haber tenido ninguna competencia internacional previa a Londres todo fue fluido. Cumplimos con la preparación sin interrupciones, muy enfocados en los objetivos de trabajo. La base en Glasgow contribuyó a la obtención de la forma deportiva y llegué en óptimas condiciones a Londres, sin presiones en el plano psicológico y totalmente adaptada a las condiciones del clima y el horario.

Cinco carreras en ocho días, incluso, estreno a ese nivel en la vuelta al óvalo. ¿Desgaste?

El cansancio lógico, no más. Acá los días de la semana mi entrenadora Míriam Ferrer y yo los planificamos en función de cada distancia, todas tienen elementos específicos. Los cien metros son mis favoritos, entre otras cosas porque se termina más rápido la tensión. Respecto a rebajar los 12 segundos estábamos confiadas en conseguirlo, incluso desde Guadalajara, lo que allí me presioné un poco. En el caso de los 400 es una carrera técnicamente compleja, de intensidad progresiva. Y los 200 los considero la más difícil para mí, por la arrancada en curva y sostener la velocidad luego en la recta.

Míriam, las plusmarcas, nuevas metas...

A Míriam le debo todo, ha sido vital en mis resultados. Estamos juntas desde el 2005 y con solo mirarnos sabemos qué pasará. Tiene muchos conocimientos y domina plenamente todo lo relacionado con la velocidad. Ha estado muy ligada a esa área desde sus tiempos de atleta activa.

Los récords no son algo que tenga en mente siempre. Salen, en especial cuando me siento óptima y todo ha salido bien en los entrenamientos y controles. Actualmente estoy buscando la forma física en esta etapa de preparación general, para luego entrar en especificidades técnicas. La sistematicidad y la práctica me han hecho alcanzar cierta maestría deportiva y la próxima meta se encuentra en París, sede del próximo mundial y donde trataré de repetir los cetros de Christchurch, Nueva Zelanda.

¿Fuera de las pistas?

Muchas cosas, aunque la mayor parte del tiempo se la dedico al atletismo. De niña no me gustaba, pero ha sido algo muy grande, hoy le agradezco mi realización como persona. Me encanta la música, en especial las baladas, soy muy conversadora, con mis amistades íntimas —a las que selecciona con sumo cuidado—, y mi familia. Uno de mis mayores anhelos (por realizar aún), es tener hijos, formar un hogar, y sé que lo haré bien, pues tengo sangre para los niños.

Esa afirmación y su habitual sonrisa sellaron una vez más nuestra conversación.

 

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