Contra el dopaje

Sensibilizar y educar

Proponen aumentar de dos a cuatro años sanciones a los tramposos

ALFONSO NACIANCENO
alfonso.gng@granma.cip.cu

En este mundo nuestro de guerras de rapiña, donde el abuso es aliado del despojo, el deporte no escapa al robo de talentos, la corrupción, las apuestas ilegales y el dopaje por tal de alcanzar una meta.

No puede mostrarse otra reacción que el rechazo a los arreglos de los resultados en partidos de distintas disciplinas, a la compra inescrupulosa de la voluntad de los hombres para burlar el juego limpio, a la desnaturalización de quienes hasta ayer fueron alabados por sus heroicidades sobre la grama y pierden su auténtico rumbo tras un lúgubre "jeringuillazo" prohibido.

No volveremos a exponer ejemplos sobre este último mal, ya ha sido tratado en varios comentarios publicados en estas mismas páginas. mejor veamos cómo se incrementan los esfuerzos por detener esa espiral de engaño: háblese de métodos de "última generación" que tardan años en descubrirse, como el empleado por el ciclista norteamericano Lance Armstrong, o de otras prácticas para violar los test ante los ojos de los expertos... hasta el día en que ese encanto vuela raudo en parábola hacia el basurero.

Los trabajos encaminados a truncar esa carrera loca rumbo a lo divinamente inhumano del dopaje fueron expuestos recientemente en Francia, durante la primera conferencia conjunta del mundo del deporte con el sector farmacéutico, donde un grupo importante de empresas productoras intercambiaron experiencias con directivos del Comité Olímpico Internacional (COI) y de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), quienes se interesaron por mantenerse al tanto de la creación y salida al mercado de nuevas sustancias que pudieran ser utilizadas para alterar los resultados competitivos.

Estas dos entidades reconocieron que cada vez es mayor el riesgo de no hallar la vía para desenmascarar a los tramposos que emplean productos de altísima tecnología. Sin embargo, John Fahey, titular de la AMA, aseguró que el caso Armstrong ha servido para ir creando conciencia en la gente. Sepan que este es un aviso para todos los deportistas, pues pueden ser monitoreados mucho tiempo después de haber conseguido una victoria, por ello debemos continuar la línea de sensibilizar y educar contra este vicio, concluyó Fahey.

UN AJUSTE A LAS CLAVIJAS

En los meses precedentes a los Juegos Olímpicos de Londres 2012, salieron a la palestra pública opiniones encontradas en torno a la justeza o no de la aplicación de la Regla Osaka del COI, anulada el año pasado por el Tribunal Internacional de Arbitraje Deportivo (TAS por sus siglas en inglés), tras considerarse que establecía un doble castigo a los infractores: un atleta que hubiera extinguido una sanción superior a los seis meses, quedaba inhabilitado para participar en los próximos Juegos Olímpicos.

Si en aquel momento la medida quedó suspendida, ahora, a la luz de los actuales acontecimientos y del incremento de los casos detectados de mafiosos vendedores de drogas ligados a atletas, médicos y entrenadores, incluso, equipos involucrados en esa práctica, el análisis es otro, enfilado al ajuste de las clavijas.

El COI, representado por su presidente Jacques Rogge, acaba de anunciar en la Conferencia de Educación, Cultura y Deporte, efectuada en Ámsterdam, Holanda, que la organización dirigida por él respalda la propuesta hecha por la AMA de elevar de dos a cuatro años las sanciones por violación grave de las normas.

Rogge indicó que la medida entraría en vigor en el 2015 y, como se observa "estará totalmente en la línea de la Regla Osaka", pues los sancionados quedarían invalidados por un cuatrienio, sin opciones para competir en los próximos Juegos Olímpicos.

La AMA revisará su código mundial antidopaje y lo aprobará el año próximo, en Johannesburgo, Sudáfrica. Entre las novedades que pondrá sobre la mesa de análisis aparecerá la de adjudicarse poderes para llevar adelante investigaciones en los casos en que las autoridades deportivas de un país rehúsen tomar acciones contra los fraudulentos.

Sus propuestas han sido catalogadas como proporcionadas, eso sí, apuntan a un deseo mundial de que existan sanciones más severas para quienes pretendan engañar. "El mensaje es fuerte", ha expresado Fahey, al mismo tiempo que recalcó la necesidad de sensibilizar y educar.

 

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