En
este mundo nuestro de guerras de rapiña, donde el abuso es aliado
del despojo, el deporte no escapa al robo de talentos, la
corrupción, las apuestas ilegales y el dopaje por tal de alcanzar
una meta.
No puede mostrarse otra reacción que el rechazo a los arreglos de
los resultados en partidos de distintas disciplinas, a la compra
inescrupulosa de la voluntad de los hombres para burlar el juego
limpio, a la desnaturalización de quienes hasta ayer fueron alabados
por sus heroicidades sobre la grama y pierden su auténtico rumbo
tras un lúgubre "jeringuillazo" prohibido.
No volveremos a exponer ejemplos sobre este último mal, ya ha
sido tratado en varios comentarios publicados en estas mismas
páginas. mejor veamos cómo se incrementan los esfuerzos por detener
esa espiral de engaño: háblese de métodos de "última generación" que
tardan años en descubrirse, como el empleado por el ciclista
norteamericano Lance Armstrong, o de otras prácticas para violar los
test ante los ojos de los expertos... hasta el día en que ese
encanto vuela raudo en parábola hacia el basurero.
Los trabajos encaminados a truncar esa carrera loca rumbo a lo
divinamente inhumano del dopaje fueron expuestos recientemente en
Francia, durante la primera conferencia conjunta del mundo del
deporte con el sector farmacéutico, donde un grupo importante de
empresas productoras intercambiaron experiencias con directivos del
Comité Olímpico Internacional (COI) y de la Agencia Mundial
Antidopaje (AMA), quienes se interesaron por mantenerse al tanto de
la creación y salida al mercado de nuevas sustancias que pudieran
ser utilizadas para alterar los resultados competitivos.
Estas dos entidades reconocieron que cada vez es mayor el riesgo
de no hallar la vía para desenmascarar a los tramposos que emplean
productos de altísima tecnología. Sin embargo, John Fahey, titular
de la AMA, aseguró que el caso Armstrong ha servido para ir creando
conciencia en la gente. Sepan que este es un aviso para todos los
deportistas, pues pueden ser monitoreados mucho tiempo después de
haber conseguido una victoria, por ello debemos continuar la línea
de sensibilizar y educar contra este vicio, concluyó Fahey.
En los meses precedentes a los Juegos Olímpicos de Londres 2012,
salieron a la palestra pública opiniones encontradas en torno a la
justeza o no de la aplicación de la Regla Osaka del COI, anulada el
año pasado por el Tribunal Internacional de Arbitraje Deportivo (TAS
por sus siglas en inglés), tras considerarse que establecía un doble
castigo a los infractores: un atleta que hubiera extinguido una
sanción superior a los seis meses, quedaba inhabilitado para
participar en los próximos Juegos Olímpicos.
Si en aquel momento la medida quedó suspendida, ahora, a la luz
de los actuales acontecimientos y del incremento de los casos
detectados de mafiosos vendedores de drogas ligados a atletas,
médicos y entrenadores, incluso, equipos involucrados en esa
práctica, el análisis es otro, enfilado al ajuste de las clavijas.
El COI, representado por su presidente Jacques Rogge, acaba de
anunciar en la Conferencia de Educación, Cultura y Deporte,
efectuada en Ámsterdam, Holanda, que la organización dirigida por él
respalda la propuesta hecha por la AMA de elevar de dos a cuatro
años las sanciones por violación grave de las normas.
Rogge indicó que la medida entraría en vigor en el 2015 y, como
se observa "estará totalmente en la línea de la Regla Osaka", pues
los sancionados quedarían invalidados por un cuatrienio, sin
opciones para competir en los próximos Juegos Olímpicos.
La AMA revisará su código mundial antidopaje y lo aprobará el año
próximo, en Johannesburgo, Sudáfrica. Entre las novedades que pondrá
sobre la mesa de análisis aparecerá la de adjudicarse poderes para
llevar adelante investigaciones en los casos en que las autoridades
deportivas de un país rehúsen tomar acciones contra los
fraudulentos.
Sus propuestas han sido catalogadas como proporcionadas, eso sí,
apuntan a un deseo mundial de que existan sanciones más severas para
quienes pretendan engañar. "El mensaje es fuerte", ha expresado
Fahey, al mismo tiempo que recalcó la necesidad de sensibilizar y
educar.