Bajo el signo de tales coordenadas simbólicas quedó inaugurada el
lunes la XV Semana de la Cultura Italiana en Cuba, coordinada por el
Ministerio de Cultura, la Oficina del Historiador de la Ciudad de La
Habana y la embajada de Italia.
En el antiguo Convento de San Francisco de Asís quedó desplegada
la exposición Microcosmos, del fotógrafo Luciano del
Castillo, en la cual el artista reinterpreta el ambiente que se
respira alrededor de la célebre Fontana.
"Empecé a tomar fotos y a elegirlas, porque quería que fueran una
narración de los diarios de la vida; en esa búsqueda encontré a los
ciudadanos que trabajan en ese entorno, a los turistas, a las
personas que cotidianamente transitan por Roma y acuden a la
Fontana, porque todo lo que pasa en tu espacio puede ser también lo
más novedoso del mundo", explicó Del Castillo, veterano fotógrafo de
alma peregrina y curiosidad insaciable.
Luego vino la música en la Basílica, con el oboísta veneciano
Gianfranco Bortolato, avalado por su paso por las orquestas del
Teatro Carlo Felice (Génova), el Teatro Alla Scala (Milán), el
Teatro Regio (Turín), I Solisti Veneti y el Teatro de la Ópera de
Roma y su selección para el estreno mundial de obras de Luciano
Berio.
Acompañado por la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección
de Enrique Pérez Mesa, el maestro selló su entrega con la partitura
de uno de los íconos del belcantismo, Vincenzo Bellini. Y aunque se
trata de una obra instrumental, el Concierto para oboe y orquesta
en Mi bemol lleva impregnado en su melodismo un sabor operático
inconfundible.
Antes, tras la apertura del programa con una muy plausible
interpretación orquestal del intermedio de la ópera Cavalleria
rusticana, de Pietro Mascagni, Bortolato apostó por el
Concertino en La menor, de Ermanno Wolf Ferrari (1876-1948),
compositor escasamente frecuentado entre nosotros.