Argentina, cuatro largometrajes en concurso

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

Elefante blanco, de Pablo Trapero, y con Ricardo Darín en el papel de un sacerdote, se encuentra entre los cuatro largometrajes argentinos en concurso en este 34 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que será inaugurado el próximo 4 de diciembre.

El reconocido director, Mundo grúa (2000), Leonera (2008), Carancho (2010), trae en esta ocasión un drama urbano ubicado en una zona marginal de Buenos Aires, donde dos sacerdotes y una trabajadora social tratan de enfrentarse al clima de violencia allí imperante. Un thriller descarnado en el que algunos críticos han querido ver una cierta influencia visual, estética y narrativa de la exitosa Ciudad de Dios, del brasileño Fernando Meirelles.

Ricardo Darín (a la derecha) como un sacerdote en Elefante blanco, de Pablo Trapero.

Carlos Sorín, también un viejo conocido, se presenta con Un día de pesca. Tal como lo hiciera en Historias mínimas (2002) y Bombón, el perro (2004), Sorín vuelve a situar su narración en terrenos de la Patagonia hacia donde se traslada un alcohólico que se encuentra en estado de recuperación y ansioso por reencontrarse con su hija. Otra "película de caminos" del agudo Sorín y otras historias paralelas de viajeros con que se topará el protagonista en su camino. Una vez más, el director recurre a una fórmula que ya le dio buenos resultados: utilizar actores no profesionales en personajes secundarios.

Apegado a un estilo establecido a lo largo de los años y que lo hizo sobresalir cuando dio a conocer Caja negra, Luis Ortega, retoma en Dromómano su estética poética de "lo marginal al límite". Un drama que se centra en cinco seres que deambulan en medio de una noche tan feroz como lírica. De nuevo la cámara en mano y de nuevo la sombra del maestro Pasolini inspirando la poesía, según opinión de los que ya la vieron.

Cassandra, de Inés de Oliveira Cézar, es un drama contado a tres voces que habla del viaje periodístico de una mujer a una lejana zona que cree conocer y que significará para ella una transformación humana. Una ficción con aires de cine documental y fuerte calado social.

Fuera de competencia, la cinematografía argentina presenta dos largometrajes, El Fausto criollo, de Fernando Birri, y Paisajes devorados, de Eliseo Subiela. El primero se basa en un clásico de la literatura argentina escrito por Estanislao del Campo en 1866, y el segundo es una suerte de documental de ficción que tiene a Fernando Birri como protagonista de una trama que se inicia con el pretexto de tres estudiantes de cine que van a entrevistar a un viejo director de múltiples personalidades.

 

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