"Desde los ocho años ando por esta zona. De mi papá aprendí que
solo del trabajo honrado proviene la riqueza. Fue él quien me enseñó
los secretos del tabaco, el ajo, el ñame y otros cultivos fomentados
aquí. Además, siempre insistía en que la semilla era lo más
importante, sin ella, olvídate de buenas cosechas y altos
rendimientos", expresa el joven, mientras acaricia las plantaciones.
"Yo comencé con unas tres hectáreas de tierra, dedicadas casi en
su totalidad a la siembra de tabaco. Luego, por el Decreto Ley 259
recibí otras 15, en las cuales planté unas 200 mil posturas,
obteniendo rendimientos de más de 530 quintales, y para este año ya
tengo en el campo 250 mil plantas".
En el resto del recorrido, resalta el buen aprovechamiento de las
casi 35 hectáreas con que cuenta la finca en estos momentos, en las
cuales resulta difícil encontrar un palmo de tierra que no esté
sembrado y bien atendido.
A un costado puede observarse el área donde cultivó el garbanzo,
con rendimientos de unos 40 quintales por hectárea, más la frijolera
y la zona donde plantó el maíz. Un poco más al fondo hay 8 000 matas
de frutabomba (papaya), intercaladas con ajo, y cerca de 3 000 de
guayaba, además de otro espacio dedicado a la siembra de cebolla.
"Esta tierra también es bendita para el cultivo del ajo. Este año
sembré la semilla obtenida de unas 2 000 ristras, las cuales me
proporcionaron casi tres millones de cabezas, vendidas en su
totalidad al Estado", explica el joven campesino.
Además, fomenta varias hectáreas de malanga y tomate, y obtiene
el arroz que consume en el año. Siembra boniato y yuca para alimento
humano y, además, garantiza el 50 % de la comida que precisan los
160 cerdos convenidos con la Empresa Porcina. Por si fuera poco,
también posee cien conejos y 170 gallinas, capaces de
proporcionarles huevos a la familia y a los trabajadores que laboran
junto a él.
Al inquirir por la complejidad que puede entrañar la atención de
tantos animales en el mismo terruño, Alexey Rodríguez responde que
ninguna. "Para esa tarea he designado a un solo hombre, quien
garantiza la limpieza, alimentación y recolección de las posturas".
"Mire, periodista, donde hace falta un trabajador no ponga dos,
porque eso los malcría y hace que se pierda el sentido del trabajo y
de la responsabilidad. Ese principio impera en toda mi finca. Lo
primero que yo hago cuando llego es pensar en las tareas del día y
los recursos materiales y humanos necesarios para concretarlas de
manera racional", alecciona el joven campesino.
Acerca de la fuerza de trabajo utilizada, aclara que, a través de
la cooperativa, contrata un promedio de 25 hombres que laboran
mañana y tarde todos los días, a los cuales paga un salario de 60
pesos diarios, más el almuerzo y una merienda.
"Son gente buena, que se esfuerzan por hacer bien su labor porque
saben que serán bien remunerados y atendidos. Nuestra relación con
ellos es de hermanos", explica. Aclara, sin embargo, que cuando debe
hacer una crítica por algo mal hecho, la hace para solucionar el
problema a tiempo.
Para el final nos dejó lo que considera lo mejor de su finca, el
sembradío de ñame, cultivo introducido por primera vez este año,
cuyos resultados han sido fabulosos.
"En marzo sembré 20 mil plantones, a partir de una semilla traída
de Sancti Spíritus, y puedo decirte que ya en septiembre estaba
recogiendo los primeros frutos, ñames de seis y siete libras. Hasta
la fecha he acopiado unas 20 toneladas de esa deliciosa vianda, a un
ritmo promedio semanal de 300 cajas de a 40 libras cada una, y falta
un mundo por recolectar", reconoce el agricultor.
Expresa, además, que ese es un cultivo muy noble, que no lleva
grandes recursos y desde el punto de vista económico ofrece
excelentes dividendos. Para ilustrarlo, explica cómo según sus
cuentas, invirtió tres pesos con ochenta centavos por montón,
obteniendo 15 pesos de ganancia en cada uno de ellos.
Como guajiro inteligente, con esos resultados piensa sembrar 60
mil plantones el próximo año, para lo cual ya tiene su propia
semilla garantizada.