Sobre la voluntad del Estado de dotar al país de alta tecnología
para el seguimiento de esos organismos tropicales, y el diseño y
montaje del primer radar Doppler VESTA/RD-200SX, Granma
conversó con el doctor Orlando Rodríguez González, director del
Centro Nacional de Radares Meteorológicos, institución que desde su
apertura en el 2003 radica en Camagüey.
"Como antecedente de nuestro centro, dice, hay que remontarse a
enero de 1990, cuando la doctora Rosa Elena Simeón, entonces
ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, dirigió aquí la
creación del Laboratorio de Desarrollo Técnico, punta de lanza en el
desarrollo de tecnologías para los radares.
"Ella tuvo la visión de que se avecinaban años difíciles, como
efectivamente sucedió, y fundamentó la importancia de esa
institución para solucionar los problemas que ocasionaría la falta
de piezas de repuesto. Ese déficit constituyó uno de los motores
impulsores para asumir el programa de automatización. Ya en 1997 se
presentaba el primer radar completamente automatizado, ubicado a una
altura de cuatro kilómetros".
¿Fue acaso ese programa el primer gran trabajo que enfrentaron
ustedes?
El primero fue hacer el prototipo de radar netamente cubano; el
segundo, extender la automatización al resto de los radares
meteorológicos del país. Eso tomó desde el 2000, en que hicimos el
de Pico San Juan, en Cienfuegos, hasta el 2006, con los de Pilón, en
Granma, y Gran Piedra, en Santiago de Cuba.
Al equipo original solo se le dejaron aquellos bloques que
resultaban imprescindibles para su funcionamiento, es decir,
transmisor, receptor y antena. El resto de la interfase entre el
equipamiento y la persona lo sustituimos por una computadora y
circuitos que garantizaban el desempeño automático del radar.
Con ello eliminamos alrededor del 70 % de las piezas que ya no
entraban al país, muchas de las cuales "remendábamos" desde hacía
años, además de lograr una reducción importante del consumo
energético.
A partir de 1997 la "manipulación" del radar pasó a cero y en la
versión del 2000 era automático y también remoto. Desde aquí o desde
cualquier punto interno de la red de Meteorología se puede chequear
su funcionamiento y cambiar el régimen de operación.
¿Cuándo surge entonces la idea de concebir un radar con
tecnología Doppler?
Sobre la base de nuestras líneas de desarrollo queríamos añadirle
la cualidad Doppler a los radares, lo cual permite determinar la
intensidad de las precipitaciones, la velocidad de las partículas y
los flujos del viento dentro del fenómeno meteorológico.
Ello redunda en lograr un mejor pronóstico, al poder reconocer la
presencia de tornados, frentes de racha o aeroavalanchas, que de
otro modo pasarían inadvertidos o dudosos para un radar
convencional.
La decisión, finalmente, se toma en septiembre del 2004, durante
el paso del huracán Iván por la región occidental del país, cuando
el compañero Fidel le preguntó al doctor José Rubiera qué otra cosa
podría hacerse para mejorar los pronósticos de huracanes. "Un radar
Doppler", le respondió.
¿Cómo se logró materializar el proyecto?
Se asignó un presupuesto y de inmediato nos entregamos a la
tarea, dilatada en el tiempo como consecuencia del bloqueo
estadounidense que impedía cualquier importación de esos rubros.
Hubo que diseñarlo todo a partir de componentes muy simples, algunos
de los cuales llegaron a Cuba en los bolsillos de nuestra ropa. En
agosto pasado pudimos echarlo a andar tras ocho años en el empeño.
¿Cuánto costó hacerlo?
Alrededor de 350 mil dólares por ser el prototipo; sin embargo,
con el dominio óptimo de la técnica y utilizando los radares
existentes, el costo puede reducirse hasta cien mil por cada
instrumento modernizado. De comprarse en el exterior, el precio
supera hoy los cuatro millones de dólares.
¿Qué otra particularidad tiene el equipo diseñado y montado por
ustedes?
Este es uno de los radares Doppler mejor dotados en el Trópico,
porque tiene dos longitudes de onda, es decir, son dos radares en
uno. Además, aquí están las personas que saben repararlo, a
diferencia de otros lugares que no cuentan con personal calificado
para enfrentar esos desafíos.
¿Próximos retos a asumir por la institución?
Desde el punto de vista práctico, extender su aplicación a otros
radares del país en la medida en que se disponga de financiamiento
para ello. Trabajamos, además, en la asimilación de nuevas
tecnologías, como parte de la actividad de desarrollo, y en la
elevación de la calidad de los servicios técnicos que prestamos.
¿Podría caracterizar al equipo de trabajo que usted dirige?
Lo integran desde un ingeniero graduado en la especialidad de
radares en la antigua URSS, hace ya muchos años, hasta otros más
jóvenes titulados en telecomunicaciones, electrónica y automática.
Todos conforman una simbiosis de generaciones que han puesto su
talento, inteligencia y deseos de aportar en función del desarrollo
de los radares meteorológicos en Cuba.